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La disposición al martirio

“El cristiano fiel es el que no sólo testifica de Cristo con palabras y actos, sino el que lo hace hasta morir si es necesario”

El testimonio es la manera más inmediata y natural en que el creyente comparte su fe con otros y los invita a suscribirla también, con base en la narración espontánea y convencida de lo que Dios ha hecho en su vida y los visibles cambios favorables que esto ha traído a su conducta, susceptibles de ser experimentados por cualquiera de quienes lo escuchan y deseen acceder a los beneficios de la fe. Sin embargo, el testimonio puede llegar a ser una actividad extrema y peligrosa, como se deduce del hecho de que la palabra “mártir” significa fundamentalmente “testigo”. Un testigo que sostiene su testimonio con tal convicción y firmeza que está dispuesto a ofrendar su vida con tal de no traicionar su testimonio, en el arraigado y profundo convencimiento de su total veracidad. Algo que ningún creyente debe olvidar, para no sentirse sorprendido o desconcertado si sus circunstancias lo llevan a tener que optar por el martirio en un momento dado, para mantenerse fiel a sus convicciones y no traicionar la confianza depositada por Dios en él al haberlo salvado y redimido de su pasada manera de vivir. Por eso, si bien el cristiano no es sufriente, haciendo del sufrimiento una meta de la vida cristiana; sí es sufrido y está, por lo mismo, dispuesto a asumir el sufrimiento y la muerte cuando su fidelidad a Cristo así lo requiera, en cumplimiento de su obligación de testificar de Él sin temor cuando las circunstancias lo ameriten, como lo ilustra el apóstol Pablo: “-¿Por qué lloran? ¡Me parten el alma! -respondió Pablo-. Por el nombre del Señor Jesús estoy dispuesto no sólo a ser atado sino también a morir en Jerusalén” (Hechos 21:13)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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