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Te llegó la hora

"El carácter absolutamente justo de Dios y nuestro sentido de justicia demanda que tarde o temprano le llegue la hora a los pecadores impenitentes”

Aunque Dios es paciente y misericordioso, su paciencia tiene límite. El tiempo de la gracia se agota y cuando así sucede, la justicia de Dios toma el relevo. El profeta Ezequiel lo expresó con claridad escalofriante: “La palabra del SEÑOR vino a mí y me dijo: «Hijo de hombre, así dice el SEÑOR y Dios al pueblo de Israel: »¡Te llegó la hora! Ha llegado el fin sobre los cuatro extremos de la tierra” (Ezequiel 7:1-2). Porque el juicio de Dios no es un arrebato caprichoso de ira divina, sino el resultado inevitable de una justicia perfecta que no puede ser burlada por siempre. Los pecadores impenitentes viven bajo la ilusión de que el silencio y la inacción de Dios equivale, si no a aprobación, si tal vez a indiferencia, pero no es así. Es gracia esperando que recapacitemos, como el hijo perdido de la parábola. Es paciencia esperando conversión. Cuando no hay arrepentimiento, el mismo carácter santo que ofrece perdón exige también retribución. Y este anuncio de juicio inminente y sin mayor espera debería estremecer nuestras conciencias. El fin llega, no como una amenaza arbitraria, sino como una consecuencia justa que no puede ser diferida por más tiempo. Por eso, no podemos tomar a la ligera ni la santidad de Dios ni su llamado al arrepentimiento. Que su justicia estricta no nos desanime, sino que nos despierte con el sentimiento de la gracia inmerecida. Porque el mismo Dios que juzga, es el que aún hoy extiende su mano para salvar, antes de cruzar el umbral del endurecimiento irreversible que marca el colmo del pecado, en el que oigamos también: “¡Te llegó la hora!”

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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