El anhelo universal de paz en los aspectos político-militares es un anhelo con fundamento, no sólo en la inherente moralidad humana que entiende que, por justificada que pueda ser la guerra en un momento o situación dada, la paz siempre será preferible; sino también en las promesas de Dios que anuncian una edad de oro en que la guerra será ya una imposibilidad, edad que se prolongará finalmente por toda la eternidad en los términos en que el profeta lo anuncia: “Dios mismo juzgará entre las naciones y administrará justicia a muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y en hoces sus lanzas. Ya no levantará su espada nación contra nación y nunca más se adiestrarán para la guerra” (Isaías 2:4). En efecto, en un mundo marcado por el conflicto, el dolor y la destrucción, el deseo de paz y justicia se convierte en un anhelo profundo de la humanidad. Y Dios, como Juez justo, no solo resolverá los conflictos entre las naciones, sino que transformará la naturaleza humana misma. La imagen de las espadas convirtiéndose en arados y las lanzas en hoces es una metáfora poderosa para marcar este cambio drástico de condiciones. Este acto divino de transformación simboliza un cambio radical en lo que podemos esperar de cara a este futuro, pues la guerra es una realidad que absorbe en la actualidad los mayores esfuerzos y los más exorbitantes presupuestos de todas las naciones. Así, pues, en las condiciones pletóricas del reino de Dios todas las naciones vivirán en armonía, buscando el bienestar común, y la justicia divina prevalecerá sobre toda injusticia
Espadas en arados y hoces en lanzas
"Uno de los aspectos más prometedores y anhelados del futuro reino de Dios en la tierra es el cese de la violencia y todo tipo de conflicto armado”






Que asi sea hijo!!!!!!!