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Al que deban honor, ríndanle honor

“En la iglesia aún los creyentes más modestos y menos presentables tienen su lugar y como tales deben recibir respeto y honra”

En la iglesia, en virtud de la dignidad que cada creyente posee en su condición humana, llamada a reflejar la imagen y semejanza de Dios, unida ahora a su condición de hijo de Dios adoptado por el Padre celestial gracias a la fe y la redención llevada a cabo por Cristo a nuestro favor; todos sin excepción deben recibir un trato respetuoso y honroso, al margen del papel o la contribución más o menos destacada que hagan a la causa de Dios, tanto dentro como fuera de la iglesia. Ahora bien, por supuesto que este reconocimiento y respeto puede ser mayor o menor, dependiendo de la relevancia que el creyente tenga debido a su desempeño y su aporte más o menos significativo a la obra de Dios, pero en último término y aún en el caso de que su contribución personal al avance del evangelio sea más bien humilde o pequeña comparativamente hablando, debe recibir de cualquier modo un trato considerado y respetuoso, como un mínimo denominador que la comunidad cristiana en especial debe mostrar en los tratos interpersonales entre todos sus miembros, antes de hacerlos extensivos también a quienes no forman parte de ella. De hecho, la Biblia plantea este asunto como algo tan importante e imperativo que lo formula como una las deudas que debemos pagar sin falta a nuestros acreedores en toda circunstancia, dirigiéndose a cada uno de nosotros en estos perentorios e inaplazables términos: “Paguen a cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor” (Romanos 13:7)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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