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Un mismo final espera a todos

"Desde la óptica terrenal la muerte es el gran rasero de la humanidad que borra las diferencias entre los hombres, pues es el destino final de todos”

La muerte es la realidad ineludible que aguarda a todos los seres humanos ꟷsin perjuicio de la esperanza que los creyentes tenemos en la vida eternaꟷ, que actúa como un rasero que nivela las diferencias sociales, económicas y de estatus a las que nos aferramos y que tan fervientemente buscamos preservar en vida. En efecto, desde una perspectiva puramente terrenal, la muerte es el gran igualador que borra o, por lo menos, matiza las huellas de los logros humanos, de las jerarquías y de los títulos, pues tanto el sabio como el necio, el rico como el pobre, el poderoso como el débil, comparten el mismo destino: la muerte. Esto pone todo en la perspectiva adecuada, pues muchas de las cosas que valoramos en la vida —el conocimiento, el éxito, el poder—, aunque útiles en su momento, no tienen poder para resistir la muerte. De hecho, el tiempo todo lo borra y lo que parecía importante, con el paso de los años, se desvanece. La muerte nos enseña que nuestra existencia actual es efímera y que al final lo único que perdura es el impacto que hemos tenido en las personas y en el mundo a través del amor, la fe y la obediencia a Dios, que es lo que permanece para siempre. Por eso: “El sabio tiene los ojos bien puestos, pero el necio anda a oscuras… un mismo final espera a todos. Me dije entonces: «Si al fin voy a acabar igual que el necio, ¿de qué me sirve ser tan sabio?». Y me dije: «También esto es vanidad». Nadie se acuerda jamás del sabio ni del necio; con el paso del tiempo todo cae en el olvido; lo mismo mueren los sabios que los necios” (Eclesiastés 2:14-16)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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