En desarrollo de la idea de que todo tiene su tiempo y su momento oportuno, la Biblia lo ilustra del siguiente modo, entre otros: “un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar” (Eclesiastés 3:6). Así, es sabio tener la capacidad de reconocer cuándo es el momento de seguir adelante y cuándo es mejor detenernos. La vida está llena de esfuerzos, proyectos y metas que requieren persistencia, pero no todo en la vida está destinado a culminar con éxito. A veces, nuestra obstinación nos puede cegar a las señales de que lo que estamos persiguiendo ya no tiene valor o propósito, lo que puede llevarnos al agotamiento y la frustración. Por eso eventualmente es sabio soltar, dejar ir y renunciar. Eclesiastés nos recuerda de este modo que en la vida hay ciclos y momentos establecidos por Dios para cada cosa. Hay tiempos en los que debemos persistir con fe, renovando fuerzas y enfrentando desafíos, pero también hay momentos en los que debemos desistir y dejar de intentarlo, no por falta de empeño o iniciativa, sino porque no vale la pena. Porque si todo lo que emprendemos no está destinado a ser exitoso, reconocer cuándo es el tiempo de desistir no es necesariamente señal de fracaso, sino de madurez. Aceptar este equilibrio entre intentar y desistir nos ayuda a vivir en paz y a alinear nuestras acciones con los tiempos divinos. Nuestra vida tiene un propósito más allá de nuestros propios planes y, a veces, dejar ir algo es la mejor manera de hacer espacio para lo que Dios quiere hacer en nosotros
Insistir y desistir
"Una señal clara de sabiduría consiste en poder identificar cuando debemos intentar y persistir en algo y cuando debemos desistir y renunciar a ello”






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