La distribución del territorio de Israel entre las 12 tribus que describe Ezequiel con fronteras lineales y perfectamente simétricas, como por ejemplo el territorio asignado a la tribu de Dan: “«Estos son los nombres de las tribus: En la frontera norte, que va de este a oeste y desde el Mediterráneo, pasando por Hetlón, hasta Lebó Jamat y Jazar Enán, que es la parte al sur de Damasco y Jamat, la tribu de Dan tendrá su porción de territorio” (Ezequiel 48:1), no coincide con la distribución más sinuosa y asimétrica que conoce la historia registrada en el Antiguo Testamento, por lo que este pasaje interpretado literalmente ꟷcomo lo hacen sectores del judaísmo y los cristianos milenaristasꟷ se considera una profecía de los últimos tiempos en los que el Israel restaurado morará en la tierra prometida conforme a un modelo ideal y mesiánico distinto al histórico, por cuanto Pablo anuncia que: “… los israelitas se han endurecido en parte, pero sólo hasta que hayan entrado todos los que no son de Israel. Cuando esto suceda, todo Israel alcanzará la salvación, pues la Escritura dice: «El libertador vendrá de Sión y apartará de Jacob la maldad. Y ésta será mi alianza con ellos cuando yo quite sus pecados»” (Romanos 11:25-27 DHH), donde se sobrentiende una conversión individual, pero masiva al mismo tiempo, de Israel a Cristo. Más allá de su interpretación literal, tanto judíos como cristianos reconocen que éste no es un mapa histórico, sino una visión teológica: la tierra repartida de manera justa, ordenada y simétrica que refleja la restauración perfecta bajo el gobierno de Dios
Tendrá su porción de territorio
"La distribución paralela y rectangular del territorio de las doce tribus en Ezequiel es inquietantemente diferente a la que conoce la historia”






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