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Solo hasta el año del jubileo

"El año del jubileo muestra que en la Biblia la propiedad privada no existía más allá de administrar y tener en posesión bienes que no son nuestros”

El año del jubileo establecido en la Ley revela una verdad profunda acerca de la propiedad y la posesión: nada nos pertenece en sentido absoluto, sino que todo nos ha sido confiado por Dios para ser administrado de manera eficiente, justa y solidaria. En efecto, en Israel las tierras podían ser vendidas o cedidas temporalmente, pero al llegar el jubileo debían regresar a la tribu y la familia a quien Dios las había entregado originalmente, recordándonos que el Señor es el único propietario definitivo. Esta práctica debía ser un freno contra la acumulación ilimitada por parte de los poderosos y la opresión y pérdida permanente de la herencia por parte de los débiles, porque establecía un ritmo de restauración y de justicia llamado a devolver la dignidad a los empobrecidos y recordar a los poderosos que su poder era transitorio. El pasaje de Ezequiel confirma este principio al señalar que incluso lo que un príncipe entregara a sus siervos debía regresar en el jubileo, porque su herencia no era algo que podía disponerse a capricho, sino un legado sagrado que debía permanecer en la familia: “Pero si le regala parte de su herencia a alguno de sus siervos, esta solo le pertenecerá al siervo hasta el año del jubileo, después de lo cual el siervo se la devolverá al príncipe. La herencia del príncipe es patrimonio de sus descendientes” (Ezequiel 46:17). La propiedad privada no es un derecho absoluto ni un medio de explotación, sino un encargo que conlleva responsabilidad social. Administramos bienes que no son nuestros, porque todo proviene de Dios y todo le pertenece

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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