La vida está llena de incertidumbre, y cada decisión que tomamos es, en realidad, una apuesta. Y así como debemos procurar apostar de la manera más segura y bien calculada, también debemos tratar de diversificar un poco nuestras apuestas, en los conocidos planes A, B y hasta C., sometidos como estamos a imprevisibles contingencias que, aunque no están más allá del control divino, si suelen estarlo del inmediato control humano. El consejo bíblico es, pues, el siguiente: “Lanza tu pan sobre el agua; después de algún tiempo volverás a encontrarlo. Comparte lo que tienes entre siete, y aun entre ocho, pues no sabes qué calamidad pueda venir sobre la tierra. Cuando las nubes están cargadas, derraman su lluvia sobre la tierra. Si el árbol cae hacia el sur, o cae hacia el norte, donde cae allí se queda. Quien vigila al viento no siembra; quien contempla las nubes no cosecha” (Eclesiastés 11:1-4). Si bien es cierto que, si esperamos condiciones perfectas, nunca realizaremos nada, al hacerlo debemos procurar tener más de una opción. Opciones que incluyen actuar y sembrar en más de un frente con la esperanza de poder cosechar, si no en todos los frentes en los que lo hemos hecho, sí en los suficientes. Esto incluye invertir en el bienestar de los demás en un espíritu solidario, en el contexto de la frase que dice “hoy por mí, mañana por ti” por la que nos mostramos naturalmente dispuestos a hacer y a devolver favores cuando podemos y las circunstancias cambian de manera impredecible para las partes, pues las buenas relaciones también son inversiones
Quien vigila al viento no siembra
"Diversificar y no ‘poner todos los huevos en la misma canasta’ es un consejo sabio que puede reducir las pérdidas ante imprevisibles contingencias”






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