La coherencia entre lo que decimos en privado y lo que expresamos en público es esencial para mantener nuestra integridad y credibilidad. Muchas veces, en la privacidad de nuestro hogar o en conversaciones informales, somos tentados a decir cosas de forma irreflexiva, descuidada y con ligereza. Sin embargo, debemos recordar que lo que decimos, incluso en la intimidad, puede trascender y ser divulgado, como se nos advierte: “No maldigas al rey ni con el pensamiento, ni en tu cuarto maldigas al rico, pues las aves del cielo pueden correr la voz. Tienen alas y pueden divulgarlo” (Eclesiastés 10:20), lo que implica que nuestras palabras, por más privadas que sean, pueden salir a la luz sin previo aviso. Así, pues, siempre que hablamos en cualquier contexto debemos hacerlo pensando si lo que vamos a decir podemos sostenerlo en público con cabeza fría y la firmeza y convicción del caso. Porque si no somos cuidadosos, nuestras palabras pueden salirse de control y afectar a otros de manera indebida, volviéndose también contra nosotros, dejándonos expuestos y avergonzados, obligándonos a retractarnos. Tener consciencia de la relación directa y de la consecuente conexión que existe entre lo privado y lo público es fundamental para vivir una vida íntegra. Así, cuando hablamos, debemos procurar que nuestras palabras tengan coherencia, tanto en privado como en público, para que no tengamos que arrepentirnos después de lo que hemos dicho, pues la integridad se demuestra en el hecho de poder sostener lo que decimos en todos los contextos
Las aves pueden correr la voz
"Al hablar debemos procurar que lo que decimos en privado, tanto en la forma como el contenido, sea algo que podamos seguir sosteniendo en público”






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