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La libertad del Espíritu

“La acción del Espíritu Santo es tan libre y contagiosa que únicamente bajo su influencia disfrutaremos de verdadera libertad"

Libertad en su más pura y correcta expresión, es una de las características propias de Dios. Eso significa que a Dios no lo podemos encasillar, contener ni restringir o limitar sus actuaciones a nuestros esquemas o estrechos moldes eclesiásticos. Por eso, como lo dijera en relación con el Espíritu Santo Karl Barth, tal vez el más grande teólogo cristiano del siglo XX, la iglesia siempre se ha esmerado por institucionalizar la acción del Espíritu Santo, canalizando el cauce natural por el que el Espíritu decide discurrir, sólo para descubrir siempre, una vez concluida la canalización del caso, que el canal se halla seco, pues el Espíritu de Dios, de manera soberana, ha decidido actuar al margen de él. Así, pues, no se trata tan sólo de que el Espíritu de Dios sea libre de obrar donde Él lo juzgue más conveniente, sin consultar a nadie al respecto; sino que donde Él decide actuar y sobre quienes lo hace finalmente, son aquellos que experimentan de su mano esa contagiosa y deleitosa libertad que rompe no sólo los convencionalismos sociales y los prejuicios étnicos y de género, junto con los moldes institucionales que pretendían restringirlo; sino también los condicionamientos culturales limitantes de todo tipo que nos impedían allegarnos a Dios, al igual que las ataduras con las que nuestra naturaleza pecaminosa ha procurado siempre esclavizarnos al pecado para mantenernos sumidos en él y a muy inconveniente y perjudicial distancia de Cristo. El apóstol Pablo resume, entonces, todo lo anterior diciendo escuetamente: “Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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