Lo dicho solo una vez
Es posible que el lector y oyente de este artículo piense, al detenerse y reparar en el título, que está adentrándose en un tema teológico denso e incomprensible y sin ninguna relación con la vida práctica cotidiana del creyente común. Pero si bien la expresión griega hápax legomena (plural cuyo singular es hápax legomenon) sí es una expresión técnica propia de la exégesis o de la interpretación de textos antiguos ꟷy en este caso de la Bibliaꟷ, que recurre a los idiomas originales en que fue escrita, es decir, el hebreo, el arameo y el griego; el concepto como tal y su significado sí tiene mucha relación con la vida práctica del creyente común. Por lo menos, del creyente común que lee la Biblia con regularidad y procura interpretarla y entenderla con la mayor precisión posible. La expresión proviene del griego hápax, que significa “una vez” y legómenon, que significa “dicho”. Así, pues, hápax legomena es el nombre técnico que reciben las palabras o expresiones que aparecen una sola vez dentro de un cuerpo determinado de textos, circunstancia que dificulta o impide establecer con certeza su significado a partir del uso comparado, pues no hay con qué compararlo.
En este orden de ideas, en los estudios bíblicos, un hapax legomenon es una palabra que aparece solo una vez en un libro específico de la Biblia, o en todo el Antiguo o el Nuevo Testamento o, incluso, en toda la literatura griega o hebrea conocida. Dependiendo, entonces, del mayor o menor tamaño del contexto delimitado en que se halle, también es mayor o menor la dificultad interpretativa. Esta dificultad surge del hecho de que el significado de una palabra o expresión normalmente se establece mediante el uso repetido que se hace de ella en un cuerpo de textos determinado, dentro de contextos variados y diferentes entre sí y observando la evolución semántica o de significado que ha tenido en este cuerpo de textos y contextos a lo largo del tiempo. Y en un hápax no hay comparación interna a la que se pueda acudir y se depende casi por completo de su etimología, es decir de las raíces, prefijos y sufijos del idioma en que está escrita, sin poder recurrir a su utilización en otros contextos cercanos y relacionados con el contexto inmediato en el que el hápax aparece, quedando únicamente disponible su comparación con otras lenguas afines y su significado queda así restringido a la interpretación histórica y teológica habitual que se le ha dado. Los hápax son, por consiguiente, zonas de alta densidad interpretativa en la Biblia, en las que hay que tener especial cuidado.
Antes de entrar a considerar algunos de los ejemplos más representativos, debemos indicar que existen diferentes tipos de hápax. Los hápax absolutos que aparecen solo una vez en toda la literatura conocida. Los hápax relativos que aparecen una sola vez en un libro, pero otras veces en otros textos del mismo idioma. Y los hápax compuestos, que son palabras formadas por una combinación única de raíces comunes. Los hápax obligan al lector e intérprete de la Biblia a practicar la humildad al interpretarla, a evitar dogmatismos construidos sobre una sola palabra y a leer el texto dentro de la totalidad del canon bíblico. De hecho, un principio interpretativo es que nunca se edifica una doctrina exclusivamente sobre un hapax legomenon, sino que se lo ilumina desde enseñanzas más claras y repetidas. En resumen, un hápax legomenon es una palabra o expresión única, semánticamente densa, exegéticamente desafiante y hermenéuticamente prudente. Pero, lejos de ser un defecto del texto bíblico, los hápax nos recuerdan que la revelación no se deja reducir a fórmulas simples, sino que exige atención, memoria lingüística y discernimiento teológico.
El hápax legomenon tal vez más conocido en la Biblia se encuentra en el Padre nuestro y es la palabra griega epiousios que aparece únicamente en la versión de esta oración modelo de Mateo, en el versículo 11 del capítulo 6, y en la de Lucas, en Lucas 11:3 y no aparece prácticamente en ningún otro texto griego antiguo, por lo que es hasta cierto punto un hápax absoluto. Aunque hay cierto consenso interpretativo en que su significado debe ser “pan cotidiano” o “pan de cada día” en el sentido de indicar el alimento material que necesitamos para existir y subsistir; este significado es más una inferencia teológica que filológica, es decir que procede más de la teología que del idioma en sí mismo. Por eso intérpretes bíblicos prestigiosos como Orígenes de Alejandría y algunos otros del bloque oriental de la iglesia antigua preferían traducirlo como “pan del día siguiente” o “pan de mañana”, indicando, además, que no se referiría únicamente al pan material, sino que sería una anticipación metafórica o figurada del “venga tu reino” que aparece de manera inmediatamente anterior en el Padre Nuestro.
Justamente, en alusión al hecho de que no se refiriera únicamente al pan o alimento material, Jerónimo, el traductor de la Vulgata, lo traducía en Mateo como “pan suprasustancial” para señalar un pan que trasciende lo material y que apuntaría, entre otros, a la eucaristía, también conocida como la comunión o la cena del Señor, pero en el sentido en que la entiende la iglesia de Roma con su postura a favor de la llamada “transubstanciación”. Una opción intermedia de algunos otros intérpretes es “pan necesario” o “pan suficiente” con el que se evitan lecturas excesivamente místicas o futuristas, además de encajar con el contexto ético del Sermón del Monte con su énfasis en la confianza diaria en Dios. Así, la filología moderna se inclina por “pan necesario” o “pan del día que viene” y la teología reconoce en este término una polisemia o matices diversos de significado intencional, al punto que muchos exegetas o intérpretes concluyen que Jesús eligió deliberadamente un término inusual para mantener abiertos varios niveles de sentido, funcionando, entonces, como un punto de convergencia entre dependencia diaria, esperanza futura y sustento material y espiritual.
Hay, de hecho, hápax absolutos que ni siquiera se traducen, sino que tan solo se transliteran o trasladan sin modificarlos, del idioma fuente al idioma receptor, como por ejemplo el que encontramos en Génesis 6:14 cuando Dios le dice a Noé: “Hazte un arca de madera de gofer…” en donde la palabra gōfer (tipo de madera) no vuelve a aparecer en ningún otro lugar del texto hebreo, por lo que no sabemos con certeza qué especie designa, precisamente porque es un hápax absoluto. Por otro lado, el apóstol Pablo nos brinda en sus epístolas algunos de los más representativos hápax compuestos. Uno de los más ilustrativos es el término griego arsenokoítēs que aparece únicamente en 1 Corintios 6:9 y 1 Timoteo 1:10 y, aunque no es absoluto en el Nuevo Testamento, pues aparece dos veces, es tal vez único como creación paulina compuesta y fuera del corpus o cuerpo de textos cristianos prácticamente no aparece. Procede de las raíces griegas arseno que significa “varón” y koites, que significa “lecho”, frecuentemente con connotación sexual, por lo que se asocia generalmente con la denuncia de las prácticas homosexuales de los varones tal como aparecen en Levítico 18:22 y 20:13.
Las traducciones clásicas más ampliamente aceptadas son, entonces: “sodomitas”, “los que se echan con varones” o “los que practican la homosexualidad”, traducciones que, para algunos, tienen el problema de que constituyen interpretaciones globales que proyectarían categorías conceptuales modernas que se impondrían sobre las traducciones más literales, por lo que, quienes así piensan, prefieren traducirlo simplemente como “varones que se acuestan con varones” o “los que tienen relaciones sexuales con varones”, que tendrían presuntamente la ventaja de reproducir la estructura de este hápax compuesto sin añadirle categorías modernas. Aunque mucho menos populares y aceptadas, existen también ciertas traducciones técnicas y restrictivas por las que algunos estudiosos minoritarios sugieren que podría referirse específicamente a varones “activos en relaciones homosexuales” o “explotadores sexuales de varones” o “abusadores sexuales masculinos”, “pederastas” y, finalmente “varones que practican la prostitución”.
Pero estas traducciones son muy elaboradas y estrechas y dependen de reconstrucciones del contexto sociosexual grecorromano con sus prácticas de pederastia, prostitución y relaciones de poder que solo un grupo minoritario de intérpretes comparte. De cualquier modo, reflejan la cuestión últimamente debatida de si este hápax designa toda relación sexual entre varones, como lo ha creído la generalidad de la iglesia a lo largo de su historia, o solo ciertas formas abusivas, comerciales o pederásticas o si es, finalmente, un concepto técnico legal derivado de Levítico. En realidad, las traducciones técnicas y restrictivas muestran no solo los problemas interpretativos a los que puede dar lugar un hápax, sino la manera en que puede ser aprovechado por intérpretes procedentes de la ya llamada “teología gay” con su agenda favorable a la ideología de género del movimiento LGTBI, para restarle fuerza o bajarle el tono a las condenaciones clásicas y generales contra el pecado de la homosexualidad por parte de la Biblia y de la iglesia a lo largo de la historia, interpretaciones que no suenan convincentes para nadie, ni siquiera para ellos mismos.
La palabra “inefable” o “indescriptible” en 2 Corintios 9:15 es otro hápax compuesto y absoluto en el Nuevo Testamento, traducción del griego anekdiēgētos, así como lo es también hypernikómen en Romanos 8:37, tradicionalmente traducido como “más que vencedores”.El apóstol Juan aporta dos muy conocidos de gran carga teológica: monogenes, relativo al Señor Jesucristo, traducido habitualmente como “unigénito” para indicar a alguien único en su clase, y paráklētos, relativo mayormente al Espíritu Santo, cuyas traducciones habituales son consolador, abogado, intercesor. De todo esto podemos concluir algunos principios para interpretar un hápax legomenon como lo son: tener cuidado de no construir doctrina sobre ellos si no se encuentra bien respaldada por el contexto, priorizando justamente, más que la etimología del término, el contexto inmediato en que se encuentra, así como el conjunto del canon bíblico y la interpretación patrística temprana, reconociendo los límites del lenguaje humano ante la revelación divina, pues, ciertamente, las Escrituras no son un diccionario técnico, sino una revelación histórica y relacional en la que Dios habla con palabras humanas sin quedar aprisionado en ellas, por lo cual la madurez teológica no exige certeza léxica absoluta, sino fidelidad al mensaje global.







Interesante analizar cuántas y cuáles de las teologías mas controversiales se basan en interpretaciones “validas” (estirando hasta el máximo esta posible validez) de un hápax, como muy bien se explica en este artículo, es importante revisar estos hápax bajo el marco más amplio que presenta el texto en general y no sé si mi conclusión sea válida, pero sería algo como: es necesario estudiarlos pero no enfocarse demasiado en ellos.
Gracias pastor por tomarse el tiempo de compilar y redactar esta información, no la conocía, saludos.
De acuerdo David. Gracias por tu comentario.