fbpx
Artículos

Kairós y Kronos, Zoé y Bíos

El tiempo y la vida de Dios

Dos de los aspectos más ricos del cristianismo, pero a su vez más ignorados por los creyentes comunes, son los que tienen que ver con los conceptos del tiempo y de la vida tal y como el Nuevo Testamento se refiere a ambos. En el griego el vocablo para hacer referencia a la vida física es bíos, pero para designar la vida espiritual que únicamente se obtiene en unión con Dios se utiliza la palabra zoé. Bíos se refiere usualmente a la vida en este mundo y los bienes y medios materiales que la sostienen y hacen posible. Zoé se refiere, en su sentido teológico maduro, más bien a la vida ostentada por Dios sin dependencia alguna de bienes materiales para sostenerla, sino más bien como la fuente o principio vital del que deriva su vida todo ser viviente. Las distinciones semánticas entre ambos vocablos pueden ser muy sutiles, pero son muy significativas para las expectativas y esperanzas del creyente, y su mediana comprensión alrededor de ambos conceptos abre nuestro entendimiento para comprender aspectos del Reino de Dios muy relevantes, estimulantes y reconfortantes en medio de nuestras luchas cotidianas.

De hecho, el anuncio del Señor Jesucristo con estas conocidas palabras: “… yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10:10), utiliza el vocablo zoé y no el vocablo bíos, pues lo que Él nos ofrece es la vida en un sentido pleno, absoluto y cualitativamente superior. La vida que procede de Dios y participa de Su naturaleza, comúnmente designada también como “vida eterna”, expresión que puede, sin embargo, ser pobremente entendida por muchos tan solo como una vida de una duración que se prolonga indefinidamente en el tiempo y no como lo que en realidad es: una vida transformada de una calidad indescriptiblemente superior, en comunión íntima y estrecha con Dios en la persona de Cristo. Bíos, por contraste, es más limitado, pues hace alusión a la mera vida biológica y material cotidiana, incluyendo en ella los medios de subsistencia, el estilo de vida, lo económico, tal como se utiliza, por ejemplo, en Lucas 8:14 para indicar: “… las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida”, en donde el vocablo utilizado es bíos y no zoé.

Ahora bien, esta bíos o vida natural, aunque no es necesariamente mala, sí es siempre insuficiente en sí misma y entraña el peligro de llegar a convertirse en un obstáculo para alcanzar el zoé cuando absorbe al hombre y lo cierra a la trascendencia, pues bíos es vida biológica que no garantiza ni contiene necesariamente la plenitud espiritual, mientras que el zoé, sin anularla, asume y eleva el bíos a nuevos niveles de satisfacción que el mundo no puede ofrecer, en conformidad con el principio teológico que surge de la frase de Tomás de Aquino cuando afirmaba que: “la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona”.  Y es que el hecho de poder disfrutar, por la gracia y el don inmerecido de Dios, de vida biológica por un periodo determinado de tiempo necesariamente efímero y pasajero, nos puede hacer creer que también disfrutamos simultáneamente de vida espiritual cuando en realidad no es así, pues el Nuevo Testamento también revela y denuncia al mismo tiempo a los no creyentes, que están espiritualmente muertos a pesar de estar biológicamente vivos, lo cual explica declaraciones de este estilo en la boca del Señor Jesús: “ꟷDeja que los muertos entierren a sus propios muertos…” (Lucas 9:60). Y es que los años de vida que Dios en Su gracia nos concede en este mundo y en este tiempo nos llevan al engaño de pensar que vivimos, cuando estamos en realidad muertos.

Por otra parte, en el Nuevo Testamento también encontramos dos palabras diferentes para referirse a dos dimensiones del tiempo. Se tratan de kronos y kairós. Kronos es el tiempo en su sentido ordinario. Un tiempo meramente cuantitativo, es decir lineal y medible en segundos, minutos, horas, días, años, etc. Es, justamente, el tiempo de la historia humana en el que se desenvuelve el bíos. Es el vocablo que se utiliza en pasajes como los siguientes: “Él les respondió: ꟷA ustedes no les toca saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre dispuso por su propia autoridad” (Hechos 1:7), o 1 Tesalonicenses 5:1 “Ahora bien, hermanos, ustedes no necesitan que se les escriba acerca de tiempos y fechas”. Es, por tanto, el ámbito donde se desarrolla la historia sagrada o la historia de la salvación. Es un tiempo que pasa en sucesión e implica desgaste y nos recuerda nuestra finitud.

Kairós, a semejanza del zoé respecto del bíos, es un concepto mucho más rico, pues no es tiempo cuantitativo, que se puede meramente medir o contar, sino cualitativo, es decir de una clase o calidad superior, pues significa el momento oportuno y decisivo. No es el tiempo que transcurre de manera rutinaria, sino un tiempo cargado de significado y marcado por lo que podríamos llamar el “momento de Dios”, tal como lo encontramos, entre otros, en Marcos 1:15 “«Se ha cumplido el tiempo ꟷdecíaꟷ. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas noticias!»”. El kairós es la irrupción de Dios en la historia y, como tal, no es solo un punto en la línea temporal, sino un momento de gracia ligado a la revelación, a la conversión, al juicio y la salvación. Podría decirse que el kronos es el flujo natural y normal del tiempo sumido en las rutinas y, hasta cierto punto, en la monotonía, y el kairós es el momento en que ese flujo es visitado por Dios. O si se prefiere, el kairós es el kronos transfigurado por la acción divina.

Con estos conceptos así definidos, podría decirse que el núcleo del cristianismo consiste en que, en el kronos de la historia, Dios introduce el kairós de la salvación para comunicar zoé a un bíos finito, por medio de Jesucristo. Esto significa que el ser humano no está llamado a vivir solo en el bíos, sino a vivir en la plenitud del zoé. Y esto implica también que el cristiano y la iglesia en su conjunto deben cultivar y manifestar un discernimiento tal que no se limite al paso del kronos, sino que esté en condiciones de identificar el kairós de Dios. Ahora bien, el zoé tiene aspectos comunes con el bíos, así como el kairós los tiene con el kronos. De hecho, en la vida humana natural, el bíos es lo más aproximado y semejante al zoé, así como el kronos es lo más aproximado y semejante al kairós. Pero son lo más aproximado por semejanza, no por cercanía. La verdadera cercanía y participación del bíos en el zoé y del kronos en el kairós solo la alcanza el creyente mediante la fe en Cristo.

Porque Cristo es el Verbo de Dios encarnado como hombre que se nos presenta como zoé que opaca, por contraste, aun los aspectos más luminosos y deseables del bíos, tal y como éste se manifiesta en la naturaleza y en el ser humano. Ante la vida del Verbo que dijo: “Yo soy… la vida…” (Juan 14:6) palidecen aun los aspectos más deslumbrantes de la vida natural. Es por todo ello que la fe no suprime ni combate los mejores aspectos de la vida humana natural, sino que los depura y los sublima para llevarlos a alcanzar en su momento ꟷya no sólo por aproximación o semejanza, sino por cercanía y participación en Élꟷ la calidad de vida y de tiempo superior ostentados y ofrecidos por el Verbo. Porque en lo que concierne al tiempo, el pasado nos afecta y el futuro nos inquieta, pero al final sólo podemos contar con el día de hoy y con lo que hagamos en él.

Y es que algunos teólogos también designan metafóricamente al kairós como una anticipación del “eterno presente” divino, para indicar su superioridad sobre nuestro rígido marco temporal de pasado, presente y futuro. Los salmos se refieren al kairós de esta manera: “Este es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él” (Salmo 118:24).En efecto, es el tiempo en el que Dios actúa en nuestro kronos elevando su calidad al nivel del kairós, como sucede con la salvación operada en el individuo mediante la fe y la conversión a Cristo, a la que el apóstol se refería en estos perentorios términos: “Porque él dice: «En el momento propicio te escuché, y en el día de salvación te ayudé». Les digo que este es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación!” (2 Corintios 6:2), una referencia clara a ese “hoy” con maravillosas implicaciones eternas que define al kairós. Y es que el kairós divino o el “momento oportuno” al que, en cierto modo, se refiere el libro de Eclesiastés es hoy, no ayer ni mañana, y no lo podemos dejar pasar de largo impunemente sin identificarlo, reconocerlo, alegrarnos y hacer lo que debemos en él, de conformidad con la exhortación del autor sagrado: “Por eso, como dice el Espíritu Santo: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón como sucedió en la rebelión, en aquel día de prueba en el desierto” (Hebreos 3:7-8).

Por eso, el teólogo Paul Tillich, en una de sus últimas conferencias, alude ꟷsin formularlo en estos términosꟷ a lo que puede entenderse como una convergencia entre el kronos y el kairós, al invitar a reconocer “esos grandes momentos” en los que se decide la lucha entre lo divino y lo demoníaco en la historia, y en los que puede irrumpir un nuevo comienzo. Se trata de instantes en los que, “aquí y ahora”, algo acontece en el interior del ser humano que trasciende el tiempo y se abre a la eternidad, otorgando una visión más profunda del sentido de la historia y de la propia existencia. Así, para Tillich, el verdadero progreso no se mide simplemente por el transcurso del tiempo, sino por la capacidad de discernir y acoger esos momentos decisivos en los que la historia se ve atravesada por una significación trascendente. En síntesis, el hombre vive en el kronos, pero es en el kairós donde se decide si su bíos participa o no del zoé.

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

Deja tu comentario

Clic aquí para dejar tu opinión