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El buen nombre, mejor que perfume fino

“Hay gente tan pobre que todo lo que tiene es dinero y hay gente tan rica que con el buen nombre tienen siempre de sobra”

Forjarse un buen nombre o una buena fama es algo que toma mucho tiempo y trabajo y debe llevarse a cabo de manera laboriosa y sincera, ciñendo nuestras vidas a un sistema de valores tan reconocido y coherente como el que refleja la ética cristiana en el que, cuando en la práctica se es tan consistente como en la doctrina, se llega a obtener el reconocimiento y respeto social incluso de muchos de sus más honestos detractores y opositores. Y si bien es cierto que el buen nombre no viene necesariamente acompañado por la abundancia de bienes materiales, de cualquier modo, no riñe con ellos, puesto que la conducta laboriosa de quien posee un buen nombre suele llevarle también de manera natural a una solvente prosperidad material. Sea como fuere, la prosperidad material es un valor agregado al buen nombre cuya carencia no lo echa a perder ni mucho menos, pues el buen nombre constituye en sí mismo y por sí solo una invaluable riqueza que no puede ser comprada ni compensada con todo el dinero del mundo. De hecho, el buen nombre es el principal patrimonio que alguien puede poseer, en línea con el consejo que dice que no debemos medir nuestras riquezas por el dinero que tenemos sino por aquellas cosas que tenemos que no cambiaríamos por dinero. Después de todo, como lo declara el rey Salomón con pleno conocimiento de causa: “Vale más la buena fama que las muchas riquezas, y más que oro y plata, la buena reputación… Vale más el buen nombre que el buen perfume. Vale más el día en que se muere que el día en que se nace” (Proverbios 22:1; Eclesiastés 7:1)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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