Las desviaciones inadvertidas o intencionales a la derecha o a la izquierda contra las que la Biblia nos advierte en relación con la senda correcta que Dios nos traza pueden ser pequeñas en principio, de tan sólo unos pocos grados, y como tales pueden permitirnos tener a la vista a nuestro lado durante algún tiempo la senda correcta de la que nos hemos desviado y sentir que todavía está a nuestro alcance si deseamos retornar a ella, haciendo las veces de un referente para saber dónde estamos. Sin embargo, de persistir esta desviación en el tiempo sin que la corrijamos, cuando menos lo pensemos y más temprano que tarde estaremos extraviados, muy lejos de la senda correcta, recorriendo terrenos desconocidos y peligrosos y sin saber a dónde nos dirigimos, pero totalmente seguros de que no es a donde deseábamos llegar. Por eso se requiere que estemos revisando de manera periódica y continua la dirección que llevamos en nuestras vidas para ajustarla y corregir rápidamente cualquier leve desviación a la izquierda o a la derecha que pueda afectarnos en relación con el camino que Dios nos ordena y señala para llegar sin especiales contratiempos ni traumatismos a la meta, evitando el engaño de esas curvas largas y abiertas que no percibimos, pues no implican desvíos abruptos, sino que se van apartando poco a poco de la dirección correcta sin formar ángulos, como nos exhorta el profeta a hacerlo en estos términos: “Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: «Este es el camino; síguelo»” (Isaías 30:21)
A la derecha o a la izquierda
"El problema con una leve desviación a la izquierda o a la derecha es que de prolongarse indefinidamente nos llevarán muy lejos de nuestro destino”






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