Thomas Brown planteaba la idea ya mencionada de que: “El mundo creado no es más que un pequeño paréntesis en la eternidad” y en conexión con ello el periodista Malcolm Muggeridge decía también que: “Nunca me he podido persuadir de que el universo pudo ser creado y la humanidad haya podido aparecer sobre nuestra diminuta Tierra, sólo para montar el interminable drama trivial que llamamos historia. Sería como construir un grandioso estadio para presentar un juego de niños, o un suntuoso teatro de ópera para un recital de armónica. Tiene que haber algún otro destino que el de sólo utilizar la creatividad física, intelectual y espiritual que se nos ha deparado”. Toda persona reflexiva y sensible se ha preguntado en términos similares por el sentido auténtico de su existencia, insatisfecha por todo lo que este mundo ofrece. Y es que sencillamente no es razonable que todo lo que podamos esperar de nuestra efímera existencia terrenal sea la vida misma, temporal y finita. John Fiske dijo: “Yo creo en la inmortalidad del alma, no en el sentido en el que acepto las verdades demostrables de la ciencia, sino como un acto supremo de fe en el carácter razonable de la obra de Dios”. Al final, cuando la más consistente eternidad irrumpa, absorba y transforme nuestra problemática e insustancial temporalidad actual, todas las vicisitudes de esta vida serán como un sueño, pues: “La multitud de todas las naciones que batallan contra Ariel, todos los que luchan contra ella y contra su fortaleza, aquellos que la asedian, serán como un sueño, como una visión nocturna…” (Isaías 29:7-8)
Serán como un sueño
"En las escalas de tiempo de Dios la duración de los acontecimientos humanos de la historia actual son tan efímeros y pasajeros como los sueños”






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