Elaborando de nuevo sobre el carácter de “periodo de prueba” que la vida humana actual tiene en la perspectiva bíblica, como una especie de breve “paréntesis” en la eternidad; lo que hagamos ahora con nuestras vidas tiene mayúscula importancia por sus efectos eternos, no solo en lo que tiene que ver con la salvación y la condenación eterna en virtud de nuestra fe o nuestra incredulidad respectivamente, sino de las actividades, privilegios y responsabilidades que recaerán sobre nosotros en el reino de Dios establecido en la tierra en conformidad con dos paradójicos principios del evangelio que, cuando se analizan en detalle y unidos el uno al otro, poseen una lógica y una sensatez incuestionable. Nos referimos a los principios complementarios entre sí que encontramos en el evangelio de Lucas y que afirman, por una parte que: “… Al que tiene se le dará más; al que no tiene hasta lo que cree tener se le quitará»” (Lucas 8:18), y por otra que: “… A todo el que se le ha dado mucho se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho se le pedirá aún más” (Lucas 12:48) en la convicción de que, en la eternidad, Dios utilizará este criterio en nuestro desempeño terrenal actual para hacernos beneficiarios de privilegios acordes con nuestras responsabilidades al declarar: “… ‘¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más” (Mateo 25:21), de modo que podamos unirnos al profeta para exclamar con júbilo: “¡Canta y grita de alegría, habitante de Sión, pues es grande, en medio de ti, el Santo de Israel!»” (Isaías 12:6)
Canta y grita de alegría, habitante de Sión
"En el reino mesiánico establecido en la tierra los habitantes de Sión tendrán grandes privilegios pero también grandes y honrosas responsabilidades”






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