La profecía predictiva ꟷpues profecía no es necesariamente predicciónꟷ, es uno de los argumentos a favor de la veracidad y del carácter sobrenatural y milagroso de la Biblia en sus reclamos de ser inspirada por Dios. En relación, por ejemplo, con los grandes imperios de la antigüedad, la Biblia no solo registró con precisión las interacciones de estos imperios con el pueblo de Israel en la sucesión que la investigación histórica actual conoce ya bien, sino que anunció con anticipación la aparición y ascenso de estos imperios en su momento y sus correspondientes acciones, como por ejemplo la del imperio medopersa que derrotaría al imperio hasta entonces dominante de los babilonios para desplazarlo y sustituirlo en la hegemonía del antiguo Cercano Oriente antes de que esto sucediera: “¡Miren! Yo incito contra ellos a los medos, pueblo al que no le importa la plata ni se deleita en el oro. Con sus arcos traspasarán a los jóvenes; no se apiadarán del fruto del vientre ni tendrán compasión de los niños. Babilonia, la perla de los reinos, la gloria y el orgullo de los babilonios, quedará como Sodoma y Gomorra cuando Dios las destruyó” (Isaías 13:17-19), como sucedió efectivamente en el año 539 a. C. en la batalla de Opis. En el libro de Daniel se recoge también este cumplimiento y la posterior sucesión de imperios desde el babilónico hasta el romano, pasando por el medopersa y el griego, combinando en estas profecías aspectos históricos ya sucedidos en el pasado, con aspectos escatológicos reservados para los últimos tiempos, mostrando así la soberanía de Dios sobre la historia
Yo incito contra ellos a los medos
"La sucesión de imperios de la antigüedad fue profetizada con precisión en la Biblia dando así testimonio de la realidad, poder y soberanía de Dios”






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