A pesar de lo difícil y dura que pueda tornarse por momentos la vida en nuestras actuales condiciones de existencia, la aspiración a una buena vejez sigue siendo un deseo generalizado de todos los seres humanos. Las jubilaciones y planes de retiro son una expresión de este deseo. El aumento en las expectativas de vida alcanzado en el mundo moderno y las estadísticas al respecto, sobre todo en el llamado primer mundo, pueden hacernos perder de vista que, aún hoy, todavía un significativo número de personas en el mundo ꟷen especial en los países del resto del mundo, designado como tercer mundoꟷ no lo logran y que durante gran parte de la historia alcanzar una larga vida en buena vejez era el privilegio de unos pocos. Además, una larga vida no es tampoco un sinónimo de una buena vida, sino que en la óptica del diablo y sus demonios también puede ser mayor tiempo y oportunidad para desviarnos y conducirnos a la decepción y el abandono de Dios, como lo ilustraba C. S. Lewis en sus Cartas del diablo a su sobrino en este diálogo imaginario pero verosímil entre demonios conspiradores: “sólo con que se le pueda mantener vivo tendrás al tiempo mismo como aliado tuyo. Los largos, aburridos y monótonos años de prosperidad en la edad madura o de adversidad en la misma edad son un excelente tiempo de combate”. El consejo divino al respecto es, pues, el siguiente: “Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán paz” (Proverbios 3:1-2)
Prolongarán tu vida muchos años
"Si bien nadie puede estar seguro de llegar a una buena vejez, recordar y honrar los mandamientos de Dios aumenta las probabilidades de alcanzarla”






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