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Conferencias

NVI y las traducciones modernas de la Biblia

¿Fieles o adulteradas?

La Nueva Versión Internacional y muchas otras traducciones modernas de la Biblia vienen siendo periódicamente cuestionadas al acusarlas de no ser fieles a los originales, sino maliciosa y premeditadamente adulteradas, o más exactamente, de no ser íntegras, sino de haber sido intencionalmente mutiladas con oscuras intenciones conspirativas. Para ponerlo en contexto, hace ya más de dos décadas que se elaboró y publicó la Nueva Versión Internacional de la Biblia como una de las más divulgadas traducciones recientes de la Biblia al español que comparte con otras traducciones modernas características similares y diferentes todas ellas en algunos detalles a la tradicional traducción conocida con el nombre de Reina Valera y sus múltiples revisiones desde la época de la Reforma hasta el día de hoy. Desde entonces, como ya lo dijimos, con manifiesta ignorancia suelen circular cada cierto tiempo el mismo tipo de publicaciones panfletarias y calumniosas contra ella en el sentido de que la NVI, y en general las demás traducciones modernas, han mutilado y adulterado las Escrituras y que esto, por supuesto, obedece a una conspiración de Satanás para impedir que la verdad revelada por Dios en la Biblia llegue a la iglesia en su forma original. Para justificar estos ataques se recurre a los siguientes argumentos.

En primer lugar se pretende descalificar a la NVI cuestionando a la editorial que la publica y distribuye o, por lo menos, al grupo editorial que se encuentra detrás de ella. Así, la editorial que posee desde su publicación inicial hasta ahora los derechos de distribución de la NVI es Editorial Vida, pero detrás de ella se encuentra en su orden Zondervan y Harper Collins, que es a su vez propiedad del magnate de las comunicaciones Rupert Murdoch. Y debido a que Harper Collins publica libros muy cuestionables desde la óptica cristiana, entre los que se señala principalmente la llamada “Biblia negra satánica” de Anton Szandor LaVey, tal vez el más conocido satanista de los tiempos modernos, se presume entonces de manera simplista que Harper Collins obedece sistemáticamente a una agenda satanista y que adquirió Vida Zondervan para elaborar y promover una Biblia que adulterara el contenido original de las Escrituras distorsionándolas al servicio de intereses perversos procedentes de las tinieblas, lo cual explicaría sus diferencias respecto de la Reina Valera.

En segundo lugar se señalan los comparativamente muy contados versículos –y no me cansaré de enfatizar esto a lo largo de esta conferencia− que se supone que la NVI ha omitido, quitado o modificado del texto bíblico original que se presume es el que aparece en la traducción Reina Valera, colocando sobre quienes publican, distribuyen y acogen la NVI, −como es el caso del suscrito−, las maldiciones del Apocalipsis pronunciadas sobre quienes osaran añadir o quitar algo a la revelación bíblica: “A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro” (Apocalipsis 22:18-19). En vista de lo anterior, parece que quienes utilizamos la NVI estamos en peligro no sólo de ser desviados de la verdad para ceder a los engaños del diablo, sino también bajo el juicio de Dios sobre quienes adulteran Su Palabra. La pregunta que vamos, pues, a responder hoy es qué tanto hay de cierto en estas acusaciones periódicas y ya bastante repetidas y trasnochadas.

Para responder a la primera acusación, la relativa al grupo editorial que tiene los derechos de publicación y distribución de la NVI, lo único que hay que decir es que más allá de los intereses y políticas internas nobles o perversas que, en gracia de discusión, pudieran albergar estas editoriales –que por lo general el único criterio seguro que siguen es el que les produzca dinero más allá de posiciones ideológicas (y la venta de la Biblia, tanto Reina Valera como NVI, produce mucho dinero)−, el hecho es que ninguna de ellas puede modificar el texto bíblico de la Biblia NVI. Ellas sólo tienen el derecho de publicación y distribución de la NVI, pero los derechos sobre el texto siempre, desde el principio, los ha tenido la Sociedad Bíblica Internacional, actual Bíblica a secas, quien los sigue teniendo en la actualidad.

Por lo tanto Bíblica es la que actúa como garante y salvaguarda de la fidelidad e integridad del texto de la NVI y su correspondencia con los mejores manuscritos hoy disponibles. Fue Bíblica, y no Harper Collins ni Vida, la que llevó a cabo la traducción del texto desde las mejores y más confiables copias manuscritas hoy disponibles en los originales hebreo, arameo y griego a nuestro español nativo, mediante un numeroso equipo de calificados biblistas, todos ellos eruditos en idiomas y ciencias bíblicas, la mayoría procedentes de contextos teológicos conservadores de la iglesia evangélica hispano parlante y reconocidos como personas de buen testimonio cristiano, entre quienes se destacó como secretario ejecutivo nuestro compatriota y admirado hermano, el Dr. Luciano Jaramillo, erudito biblista y pastor presbiteriano, fallecido justamente hoy, en cuyo homenaje quise publicar esta conferencia en mi blog.

Únicamente cuando este proyecto estuvo terminado Bíblica buscó a quien lo publicara y distribuyera entrando en ese momento en alianza con Vida Zondervan para este propósito. Como pueden darse cuenta, el texto de la NVI se le entregó a Vida completamente terminado y ni ella ni Harper Collins pueden modificarlo en lo absoluto sin violar la ley y hacerse merecedores de muy onerosas represalias legales por parte de Bíblica. Lo único que ellos pueden hacer es publicarlo, distribuirlo y venderlo. Nada más. Así que el asunto se reduce a examinar siquiera a vuelo de pájaro la manera en que el equipo de Bíblica llevó a cabo esta traducción señalando los principales criterios seguidos en esta concienzuda y siempre compleja labor.

De hecho Bíblica ya ha respondido en detalle desde hace mucho tiempo a estos cuestionamientos en un pequeño pero sustancioso libro que, quienes prestan oído a estos ataques contra la NVI, parece que no quieren leer ni tomar en cuenta, para poder así seguir cuestionando gratuitamente a la NVI desde su ignorancia, unida a una actitud paranoica que quiere ver conspiraciones satánicas en todas partes. Ese libro se titula ¡fidelidad! ¡integridad!, del cual me limitaré a partir de este momento a citar, comentar y complementar los apartes pertinentes, invitando a quienes quieran profundizar en los aspectos aquí tocados a adquirir el libro y documentarse más a fondo y con mayor detalle al respecto por su propia cuenta.

Antes de proseguir quiero informarles que la Reina Valera es la traducción de la Biblia de mis afectos. Me convertí con la Reina Valera y el 95% de los pasajes bíblicos que he logrado memorizar proceden de la Reina Valera, y la he leído de cabo a rabo más veces de las que recuerdo y la sigo leyendo casi a diario. Pero eso no me impide valorar otros esfuerzos de traducción como la NVI y reconocer en ella un trabajo honesto y bien hecho. Tan bien hecho, que no he tenido más remedio que aceptar que, para efectos de conocer la verdad revelada en las Escrituras inspiradas de una manera más comprensible para los tiempos de hoy que no sacrifique la fidelidad e integridad original de la Biblia, la NVI es tal vez, si no la mejor, si una de las mejores traducciones disponibles en la actualidad.

¿Cómo explicar, entonces, sus diferencias en relación con la Reina Valera? Las diferencias que más generan suspicacias son, por supuesto, las aparentes omisiones que existen en la NVI y las demás traducciones modernas respecto del texto de la Reina Valera. Sin embargo, antes de proceder a explicar las razones de esto, pongamos estas diferencias en su justo lugar y proporción, para no magnificarlas ni dramatizarlas. Veamos lo que dice al respecto el reconocido biblista mexicano Edesio Sánchez Cetina: no debe preocuparnos, como ya lo hemos dicho, que se esté alterando alguna verdad o doctrina fundamental de la Biblia. Gracias a Dios toda verdad importante enseñada por las Sagradas Escrituras está respaldada no en uno o dos pasajes o textos, sino en docenas de los mismos, regados por toda la Biblia. De manera que si se descubre clara y verídicamente que un determinado texto nunca estuvo en los originales, el traductor honesto debe decirlo así y no incluirlo en su traducción, advirtiendo por qué ha tomado esta decisión. De esta manera está contribuyendo a la integridad de la Palabra de Dios. Dejarlo en la Biblia sería exactamente lo contrario”.

Integridad de la Palabra de Dios. Pero ¿qué significa integridad en relación con la Biblia? La integridad consiste en ese aspecto particular que hace referencia a la presencia en el texto en cuestión del contenido íntegro del documento original, sin exclusiones ni inclusiones de ningún tipo que no se encuentren en el documento original. Nos informa, entonces, este biblista que si no se incluye un texto en la traducción debe ser siempre única y exclusivamente porque se descubre que nunca estuvo en los originales. Así, pues, si no se han incluido en la NVI y en las traducciones modernas algunos pocos textos presentes en la Reina Valera es porque se ha descubierto que no se encontraban en los documentos originales. Y hago énfasis una vez más en la expresión “pocos textos”, porque no quiero que pasen por alto eso, que son muy pocos comparativamente hablando y su ausencia en la NVI no afecta ninguna doctrina ya establecida y aceptada por la iglesia en pleno, como nos lo informa bien el Dr. Sánchez Cetina. Así que no hay que dramatizar ni rasgarse las vestiduras por esta causa como lo hacen los detractores de la NVI al afirmar con ignorancia, ligereza y falsedad que la ausencia de estos versículos en la NVI afecta la sana doctrina y obedece a malas intenciones, pues no hay tal en ninguno de los dos sentidos.

Subsiste, sin embargo, la pregunta ¿por qué se encuentran estos textos en la Reina Valera si presuntamente nunca estuvieron en los originales, como lo afirman los traductores de la NVI y las demás traducciones modernas? Esto pone a don Casiodoro de Reina y don Cipriano de Valera a la defensiva, pues serían ellos los que tienen que explicarnos ahora por qué añadieron a la Biblia textos que no se encontraron nunca en los originales. Pero ellos no tienen la culpa. Ellos no hicieron más que trabajar con las copias manuscritas y el texto bíblico más confiable disponible en su época, cerca de 450 años atrás.

Escuchemos lo que el Dr. Luciano Jaramillo tiene para decirnos al respecto: Como hemos visto en los artículos anteriores, la mayoría de las diferencias que notamos en las versiones contemporáneas de la Biblia, como la Nueva Versión Internacional, en relación con versiones más antiguas, como la Reina Valera, se deben a la fuente textual que tuvieron a su alcance los traductores.  Esto es mucho más válido para el Nuevo Testamento. Debe ser ya claro para el lector la importante diferencia que existe en usar como base para la traducción el textus receptus o el textus criticus.  Como podemos ver, los traductores anteriores al siglo XIX no disfrutaron del privilegio  de una base textual, amplia, probada y abundante, que ha producido el mejor texto base en griego del Nuevo Testamento, ciertamente más confiable y mucho más cercano a lo que fue el texto original de la Biblia. Y debieron contentarse con un texto griego básico fundado en un puñado de manuscritos (no más de 15 o 20), todos ellos muy tardíos (de los siglos XII al XIV d.C.).

Esta aclaración pone en perspectiva la discusión de los «cambios», «omisiones» y «adiciones» que puedan registrarse en las nuevas traducciones.  Nadie está atentando contra la integridad o pureza inicial del texto, tal como fue entregado por Dios a los primeros depositarios de la revelación.  Se trata de acercarse lo más posible al texto original de la Escritura, a través del estudio científico de los miles de documentos, manuscritos, códices o papiros que al presente tenemos.  Este ejercicio es el que los expertos llaman la crítica textual, que nos rinde el texto griego más confiable y que nos sirve de base para traducir a las lenguas modernas la Palabra de Dios”.

Dicho con mayor claridad, en la actualidad y en lo que tiene que ver con el texto griego del Nuevo Testamento más fiel e íntegro, ese texto ya no es el conocido con el nombre de textus receptus con el que trabajaron los reformadores hace cerca de cinco siglos para llevar a cabo las variadas traducciones de la Biblia a los idiomas de las naciones europeas. Un texto que está basado en manuscritos tardíos y por lo mismo más susceptibles de error debido a la distancia en el tiempo que los separa de los originales, además de que el número de los manuscritos disponibles para elaborar el textus receptus era muy inferior al disponible en la actualidad (cerca de 500, contando con las porciones y fragmentos del Nuevo Testamento griego conocidos por los estudiosos de la época, por contraste con los más de 5.000 de que se disponen hoy, sólo para el Nuevo Testamento).

Basado en los más de 5.000 manuscritos hoy disponibles para el Nuevo Testamento descubiertos en los últimos 100 años, un significativo número de ellos más antiguos y cercanos a los originales que los aproximadamente 500 en los que se basó el textus receptus y, por tanto, más confiables sobre el papel; hoy tenemos una base textual griega mucho más fiel e íntegra para traducir las Biblias que recibe el nombre de textus críticus para diferenciarlo del textus receptus. La Nueva Versión Internacional, así como la gran mayoría de las traducciones modernas a los diferentes idiomas hablados se basa, por eso, en el textus críticus y no en el siempre útil pero más dudoso textus receptus elaborado en su momento por los eruditos del siglo XVI distinguiéndose entre ellos el humanista holandés Erasmo de Rotterdam.

No voy a entrar en cuestiones técnicas, pues eso convertiría esta conferencia en algo árido y difícil de seguir por parte de quienes no están para nada familiarizados con estos temas propios de especialistas. Para los que desean conocer más en detalle los criterios tenidos en cuenta por los eruditos de hoy respecto a cuál sería el texto base más confiable desde el punto de vista estrictamente científico para elaborar nuevas traducciones de la Biblia, los invito a leer el libro ya citado publicado por Bíblica con el fin de explicarlo de una manera comprensible a los no especialistas. Sea como fuere, lo cierto es que la abrumadora mayoría de eruditos de hoy prefieren el llamado textus críticus del Nuevo Testamento, pues lo consideran más fiel e íntegro que el textus receptus en el que se basan traducciones como la Reina Valera y las demás traducciones antiguas llevadas a cabo desde la época de la Reforma.

Debo decir, sin embargo, que existe un pequeño número de eruditos que siguen defendiendo la preferencia del textus receptus, así que la discusión está abierta y cada uno de los dos bandos tiene argumentos que merecen ser escuchados y no son en ningún caso, en el campo estrictamente científico, carentes de fundamento de ningún modo. Todos tienen su lógica, racionalidad y poder de convicción y en últimas todo depende de cuáles nos parezcan más convincentes de manera personal. Hablando por mí y habiendo escuchado o leído a ambas partes, he de decir que me parecen científicamente más convincentes los argumentos de quienes prefieren el textus críticus como lo hacen los traductores de la NVI. Sobre todo porque estos últimos, a diferencia de quienes prefieren el textus receptus, no descalifican las traducciones llevadas a cabo desde el textus receptus. Por lo menos así es en relación con los traductores de la NVI, que recomiendan también ampliamente la lectura de otras traducciones como la Reina Valera y no sólo la de la NVI. Algo que no hacen quienes defienden la Reina Valera, que descalifican gratuitamente todas las traducciones modernas hechas desde el textus críticus.

Voy a citar en este sentido de manera literal las recomendaciones que hacen los traductores de NVI. En primer lugar, Luciano Jaramillo hace la siguiente recomendación: “… un sabio consejo elemental de exégesis bíblica es no entregar la lectura, estudio y exposición de las Escrituras a una sola versión de las mismas y usar, a la par de nuestras versiones tradicionales, otras versiones más actualizadas”. Alfredo Tépox Varela dice, a su vez: “Ante esta miríada de versiones de la Biblia, no faltará quien se pregunte: «Si es verdad que la Biblia es la Palabra de Dios, ¿Cuál de todas estas versiones es esa Palabra?»  La respuesta puede parecer desconcertante: todas ellas en conjunto, y ninguna de ellas en particular… Todas ellas, en su conjunto, nos dan una percepción más amplia del sentido del texto, pero ninguna de ellas, en particular, lo agota. Hoy día, cuando contamos con tantas versiones nuevas del Mensaje eterno, ¿Por qué no profundizar nuestra lectura de éste, comparando nuestra versión favorita con esas nuevas versiones? Si lo hacemos así, estaremos poniendo fin a la lectura literal, que tanto daño nos ha hecho, y estaremos penetrando en los tesoros de la sabiduría inefable de Dios”.

Y Catalina Feser de Padilla lo ratifica de este modo: “‘Debemos usar todas las versiones que tengamos a la mano’… El cristiano que quiere conocer y comprender las enseñanzas bíblicas no debe conformarse con una sola versión, sino aprovechar los resultados del trabajo de muchos estudiosos de la Biblia que se han dedicado a la tarea de poner el texto bíblico a disposición del lector en su propio idioma…”. Entre otras cosas, porque como ya se ha dicho y establecido: “Los resultados del estudio de los manuscritos muestran que hay relativamente muy pocas diferencias, y ninguna de importancia teológica, entre los manuscritos.  Y al estudiar una de las versiones modernas, como la ‘Nueva Versión Internacional’, podemos estar bastante seguros de que el texto que estamos leyendo es una traducción de lo que el autor (profeta, apóstol, etc.) escribió hace siglos”.

Cierro esta cita de Catalina Feser de Padilla con la siguiente consideración de sentido común sobre la que llama nuestra atención: “Ninguna traducción capta todo el significado de una palabra, y toda traducción refleja la manera en que el traductor interpreta la expresión. Al usar una sola traducción, nos limitamos a la comprensión del significado del texto que tenía el traductor; nos limitamos a su interpretación.  Todo traductor, por bueno que sea, es producto de su cultura, su ambiente eclesiástico, su orientación teológica, las limitaciones de su día, etc.  De hecho, su comprensión del texto y su interpretación influyen en su traducción. Y ningún traductor es infalible, aunque podemos afirmar que Dios en su soberanía ha protegido la traducción de la Palabra para que ésta nos comunique el mensaje que él quiera que sepamos”.

Eso último sí lo podemos sostener sin lugar a dudas, independiente de que prefiramos el textus receptus o el textus críticus, pues en el propósito de conocer la verdad contenida en los manuscritos originales, ambos son de sobra confiables, al margen de sus diferencias menores entre sí, como lo afirma sin reservas uno de los traductores de la NVI como lo es Moisés Silva, refiriéndose también de manera favorable al textus receptus, a pesar de preferir el textus críticus: “En realidad, las diferencias textuales entre Reina Valera y NVI son, en su gran mayoría, de poca importancia (estas diferencias, por lo general, aparecen en la NVI al pie de la página). En otras palabras, el mensaje de la Biblia no cambia porque se use una base textual diferente. ¡La verdad del evangelio brilla claramente aun en los manuscritos más defectuosos!”.

Más allá de cuáles de los argumentos puedan llegar a convencernos finalmente: los que están a favor de textus receptus de la Reina Valera o del textus críticus de la NVI y las traducciones modernas, de entrada a mí me dan más confianza quienes no descalifican a la contraparte y recomiendan incluso tenerla en cuenta −como lo hacen los traductores de la NVI en relación con la Reina Valera−; que quienes descalifican y critican de manera virulenta a la contraparte e incluso la satanizan atribuyéndole ocultas motivaciones perversas al servicio de los intereses del diablo −como lo hacen los partidarios de la Reina Valera en relación con la NVI−. Eso me parece atrevido, injusto, ofensivo y calumnioso. Los traductores de la NVI no temen que la gente lea otras versiones como la Reina Valera, porque confían en que los méritos de su propia traducción podrán apreciarse al contrastar la una con la otra. Pero no podemos decir lo mismo de quienes están a favor de la Reina Valera.

Ahora bien, yo soy uno de los que está a favor de la Reina Valera. Pero más por razones emocionales que racionales y científicas. Si se trata de argumentos racionales y científicos, me temo que debo estar, a mi pesar, a favor de la NVI. Además, en mi propia experiencia he podido comprobar que las recomendaciones dadas por los traductores de la NVI en cuanto a los beneficios obtenidos de no leer una sola versión sino varias, comparándolas entre sí, son ciento por ciento veraces. Mi devocional diario lo llevo a cabo con cuatro versiones diferentes de la Biblia, a saber: la NVI, la TLA, la traducción llamada La Palabra y, por supuesto, mi muy querida Reina Valera a la que nunca dejaré de lado. Y nunca he visto entre ellas, en especial entre la NVI y la Reina Valera, diferencias significativas que merezcan una especial atención o que me preocupen en cuanto a la sana doctrina. Lo que he visto con mucha mayor frecuencia es que se complementan y enriquecen mutuamente.

Los desafío a que hagan lo mismo. Algo que es mucho más fácil ahora que las aplicaciones de la Biblia para teléfonos inteligentes y tablets incluyen muchas traducciones de la Biblia que se pueden consultar de inmediato y sin dificultad alrededor de cualquier pasaje bíblico. De hecho los domingos en el sermón del día, gracias a estas aplicaciones, he optado por revisar sistemáticamente el versículo o los versículos citados por el predicador de turno en muchas más versiones que la NVI utilizada usualmente en la lectura congregacional. Y en mis sermones ─o, ahora, en mis podcast, segmentos y demás contenidos subidos a mi blog y a mi canal en YouTube─, cuando considero que otra traducción diferente a la NVI, incluyendo a la Reina Valera, expresa mejor o con más claridad y precisión la idea que quiero transmitir, pues cito eventualmente la versión del caso indicándoselo al auditorio, pero he optado por basar todas mis exposiciones bíblicas por defecto en la NVI, pues sus méritos lo justifican de sobra.

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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