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Mis pecados fueron atados a un yugo

"El yugo del pecado es el más opresivo y difícil de sobrellevar, pero aun así Dios puede servirse de él para corregirnos y hacernos entrar en razón”

El pecado se presenta como una opción libre, una elección momentánea, espontánea o calculada, que pronto revela su verdadera naturaleza: esclavitud. Como lo expresa Jeremías en identificación solidaria y personal con el pueblo de Judá: “»Mis pecados fueron atados a un yugo; sus manos los ataron juntos. Me los ha colgado al cuello, y ha debilitado mis fuerzas. Me ha entregado en manos de gente a la que no puedo ofrecer resistencia” (Lamentaciones 1:14). En efecto, los pecados se adhieren como un yugo, no solo como un peso, sino como atadura, como una carga impuesta que limita la libertad y debilita las fuerzas. El profeta no oculta la vergüenza e impotencia que el pecado acarrea y que deja al alma sin defensa. Pero Dios puede servirse de esa opresión para nuestro bien, pues a veces no entramos en razón sino cuando el peso del pecado nos quebranta, y entendemos que no podemos seguir por el mismo camino. El yugo que oprime puede convertirse en el instrumento que nos detiene, que nos hace mirar hacia arriba y nos impulsa a volver. Dios no se complace en la debilidad, la postración y la humillación causada por nuestro pecado, sino que sigue obrando con poder en medio de ellas de manera que justo desde ahí puede comenzar nuestra redención. Cuando reconocemos la carga, cuando sentimos su opresión y nos volvemos a Él, descubrimos que el mismo Dios que permitió que el yugo nos humillara, es el que quiere quitárnoslo, romperlo y reemplazarlo por el suyo, que es ligero y llevadero. El yugo del pecado nos esclaviza; el de Cristo, nos restaura

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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