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Mandó que le sacaran los ojos

"La mutilación de los prisioneros de guerra obedecía más que a la intención de infligirles dolor y humillación, a la de inutilizarlos para el combate”

En la antigüedad, los imperios no solo buscaban dominar militarmente a sus enemigos, sino anular cualquier posibilidad futura de resistencia. Por eso, la mutilación de prisioneros de guerra, como por ejemplo cortar pulgares, tendones o, como en el caso de Sedequías, quitarle la vista luego de haberlo obligado a ver la ejecución de sus hijos: “Luego mandó que a Sedequías le sacaran los ojos y le pusieran cadenas de bronce para llevarlo a Babilonia, donde permaneció preso hasta el día en que murió” (Jeremías 52:11), eran acciones que no se explicaban, entonces, tan solo como un acto de crueldad o venganza, sino como una forma estratégica de humillar y quebrar la voluntad del enemigo e inutilizarlo para siempre, que en su caso fue el fin visible de un reinado marcado por la desobediencia a Dios y la negativa a escuchar su voz. En un sentido espiritual, esto revela algo profundo a la iglesia: el enemigo de nuestras almas no siempre busca nuestra destrucción inmediata, sino nuestra inutilización a largo plazo. Su estrategia preferida es cegarnos, despojarnos de nuestra visión de Dios, robar nuestra esperanza, y hacer que sigamos existiendo, pero sin propósito ni impacto. Sin embargo, la historia de Israel no termina con Sedequías, pues Dios puede restaurar lo que ha sido mutilado y levantar nuevamente a quienes han sido reducidos por el dolor. Nuestro llamado es entonces a no ceder al desánimo y la apatía, porque aunque el enemigo haya querido apagar nuestra luz en vida, el Dios que resucita aún puede devolvernos la vista y la fuerza para luchar de nuevo

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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