La voz del amado en el Cantar de los Cantares a la que la amada se refiere así: “¡La voz de mi amado! ¡Mírenlo, aquí viene!, saltando por las colinas, brincando por las montañas” (Cantares 2:8), evoca la voz del buen pastor que Jesucristo mencionó en el evangelio de Juan: “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen” (Juan 10:27). Al igual que las ovejas reconocen la voz de su pastor, aquellos que conocen a Cristo y tienen una relación íntima y estrecha con Él, pueden distinguir Su voz de entre todas las demás. Esta voz es inconfundible y balancea como ninguna otra el amor, la autoridad y la dirección. Al escuchar Su voz, algo dentro de nosotros se despierta, como Quien toca al hablarnos las fibras más sensibles de nuestro ser, de manera semejante a como reaccionan las ovejas a la voz familiar de su pastor, prestándole confiada obediencia y atención. No importa cuánto ruido pueda haber ni cuántas voces requieran nuestra atención, en medio de estas voces perentorias los creyentes asistidos por el Espíritu Santo lograremos escuchar la voz de Cristo a través de Su Palabra y por encima de las demás, llamándonos a seguirlo, interpretando adecuadamente sus instrucciones y discerniendo su pertinencia para nuestras situaciones y circunstancias particulares, encajándolas acertada y constructivamente en los tiempos que nos ha tocado vivir, y respondiendo a ella con amor, confianza, obediencia y devoción. Y es que su voz ostenta una especial energía vibrante y vital y está llena de esperanza, superando obstáculos y dificultades para llegar a nosotros
Mis ovejas oyen mi voz
"La voz del amado es la misma voz del buen pastor que las ovejas reconocen y distinguen de todas las demás para seguirla a donde ella nos conduzca”






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