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Los motivos del ateísmo

“El ateísmo no es el resultado de una avanzada intelectualidad sino un intento de justificar conductas que son injustificables”

El ateísmo moderno utilizó como pretexto para justificarse y adquirir respetabilidad intelectual el auge de la ciencia que, como lo sostenía Pasteur cuando dijo: “Un poco de ciencia aleja de Dios, mucha ciencia, acerca a Dios”, a las primeras de cambio y de la mano del iluminismo y la ilustración francesa, la ciencia se envalentonó contra la teología y la filosofía con las que había tenido muy buenas relaciones y a las que les debía tanto y decidió expedirle a ambas “carta de divorcio”, proclamando su independencia de ellas. Así, a finales del siglo XIX y durante buena parte del XX el ateísmo creció entre los intelectuales cultivadores de la ciencia y seguidores, a su vez, de las filosofías materialista y naturalista que son aquellas en que la ciencia moderna se ha venido apoyando. En consecuencia y de manera engañosa, el ateísmo fue visto en la modernidad como algo que le brindaba al ateo de turno un aire de intelectualidad, erudición y respetabilidad de la que carecerían los creyentes en Dios, cuando lo cierto es que tanto hoy como ayer el ateísmo es el producto de la necedad del hombre que busca a toda costa pretextos –como la ciencia materialista y naturalista en este caso− para no tener que rendir cuentas a nadie de sus actos y seguir justificando conductas que no son justificables ni ante Dios ni ante su conciencia. Tenía razón Agustín cuando dijo: “nadie niega a Dios, sino aquel al que le conviene que Dios no exista”. O como lo dijo el rey David: “Dice el necio en su corazón: «No hay Dios.» Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno!” (Salmo 53:1)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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