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Estudios bíblicos

Conocimiento y sabiduría

El conocimiento y la sabiduría son nociones tan interrelacionadas y superpuestas entre sí que a veces terminan confundiendo al sabio, es decir a quien posee sabiduría, con el erudito, es decir el que tiene conocimiento. Pero la Biblia establece algunas diferencias significativas entre ellas que no nos permiten tratarlas como sinónimos. De hecho, en muchos pasajes la Biblia distingue entre conocimiento y sabiduría, como cuando Salomón oró así a Dios: “Yo te pido sabiduría y conocimiento para gobernar a tu pueblo; de lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?” (2 Crónicas 1:10). Algo similar sucedió con David cuando distinguía también en sus propias oraciones entre el conocimiento y el buen juicio, diciendo: “Impárteme conocimiento y buen juicio, pues yo creo en tus mandamientos” (Salmo 119:66) ratificado así en el libro de Proverbios: Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento e inteligencia brotan de sus labios” (Proverbios 2:6) y en el de Eclesiastés: “En realidad, Dios da sabiduría, conocimientos y alegría a quien es de su agrado…” (Eclesiastés 2:26). La noción de conocimiento en general gira más alrededor de la información útil, veraz, extensa y detallada de la que se dispone en un momento dado, y la de sabiduría lo hace alrededor de la gestión acertada que se hace de esa información en la experiencia cotidiana. Ahora bien, por lo general el sabio, con pocas excepciones, posee conocimiento, pero no se limita a esto, sino que cultiva también, por ejemplo, la prudencia y la discreción, como lo sostiene la misma sabiduría personificada de Proverbios al decir: »Yo, la sabiduría, convivo con la prudencia y poseo conocimiento y discreción” (Proverbios 8:12). No debe, pues, sorprendernos comprobar que: Los labios de los sabios esparcen conocimiento…” (Proverbios 15:7). Por su parte, el Señor Jesucristo marca la pauta a seguir al exhibir sabiduría antes que conocimiento, aunque el conocimiento no le era de ningún modo ajeno, como lo profetizó el profeta al anunciar que: “El Espíritu del Señor reposará sobre él: Espíritu de sabiduría y de entendimiento, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor del Señor” (Isaías 11:2), algo que halló cumplimiento cabal en el desarrollo y talante de su ministerio público.

Pero otra de las diferencias entre el conocimiento y la sabiduría es que la sabiduría no tiene salvedades o advertencias contra ella, mientras que el conocimiento sí, pues a la par que el profeta denunciaba: “pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido…” (Oseas 4:6), indicando así tácitamente la imperativa necesidad de adquirirlo, también el apóstol Pablo advertía: “… El conocimiento trae orgullo, mientras que el amor edifica” (1 Corintios 8:1), algo que no sucede con la sabiduría. De hecho el profeta advirtió contra el auge de conocimiento e información de todo tipo de estos últimos tiempos: “… pues muchos andarán de un lado a otro tratando de aumentar su conocimiento” (Daniel 12:4) y Pablo recoge esta advertencia de este modo: “Timoteo, ¡cuida bien lo que se te ha confiado! Evita las discusiones profanas e inútiles y los argumentos de la falsa ciencia” (1 Timoteo 6:20) como anticipándose al actual auge de información y de “fake news” o noticias falsas de todo tipo que proliferan en internet. De cualquier modo, el señor Jesucristo citó favorablemente el pasaje de Oseas que dice: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios en lugar de holocaustos” (Oseas 6:6), aunque en este caso el “conocimiento de Dios” no es mera información acerca de Dios, sino un conocimiento de tipo interpersonal que solo se adquiere mediante el trato mutuo en una relación persona a persona entre Dios y el hombre. La fe involucra conocimiento, por supuesto, pero no consiste de ningún modo en un asentimiento y adhesión fríamente intelectual a un credo o confesión de fe particular, sino un acto de profunda confianza en alguien a Quien se conoce y se considera digno de todo crédito y a Quien se considera también justo someterse en obediencia. El apóstol Pedro coloca en su justo lugar el papel que el conocimiento cumple en el marco de la fe al exhortarnos de este modo: “Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, conocimiento…” (2 Pedro 1:5-6), subordinando así el conocimiento a la fe y a la virtud que deben, entonces, precederlo y fundamentarlo.

En lo que concierne a la sabiduría, el pasaje clásico al respecto lo encontramos en Santiago 3:13-17 en donde leemos: “Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría. Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Esa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, no espiritual y demoníaca. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura y además pacífica, respetuosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera”. Aquí de nuevo vemos ratificado lo ya dicho en cuanto a que la sabiduría se demuestra no mediante el conocimiento, sino mediante la conducta. En segundo lugar, que no importa cuánto conocimiento se posea, si caemos en envidias y rivalidades (como las que abundan en el campo académico), no se pasa de ser un erudito mundano y nada más, víctima de las maquinaciones del diablo. Y en tercer lugar, que la sabiduría auténtica es transparente y honesta, y promueve la paz, el respeto, la obediencia, la justicia, la compasión y las buenas obras en general. Pablo hace referencia a esta falsa sabiduría repetidamente en 1 Corintios al llamarla allí “sabiduría humana” o “sabiduría del mundo”, muy propia de los eruditos no redimidos. Valga decir, sin embargo, que las prácticas legalistas en las iglesias son solo imposturas de la verdadera sabiduría, pues: “Estos preceptos, basados en reglas y enseñanzas humanas, se refieren a cosas que van a desaparecer con el uso. Tienen sin duda apariencia de sabiduría, con su afectada devoción, falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero de nada sirven frente a los apetitos de la carne” (Colosenses 2:22-23). En último término Cristo es el compendio de la sabiduría y el conocimiento, como lo revela Pablo: “… Así conocerán el misterio de Dios, es decir, a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:2-4) y Él es la sabiduría personificada que habla en los Proverbios, pues: “… gracias a él ustedes están unidos en Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría…” (1 Corintios 1:30).

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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