La lucidez y claridad mental, en especial en temas de moralidad, no es una cualidad tan común como se cree, sobre todo en ciertas épocas o tiempos como los de hoy con sus relativismos de todo tipo que enrarecen y nublan el ambiente moral y generan una ambigüedad en la que casi toda conducta puede llegar a justificarse y tolerarse e incluso a elogiarse y recomendarse como buena o aceptable. Así sucede hoy por hoy, por ejemplo, con problemáticas tales como la legalización del aborto y buena parte de los asuntos asociados a la antinatural ideología de género que se extienden por el mundo bajo el rótulo de “progreso” y obtienen creciente aprobación, sumando a su causa nuevos y convencidos defensores que exhiben un celo digno de una mejor causa y que contribuyen a difundir estos engaños y a alcanzar nuevos adeptos para estas peligrosas creencias. Ya el profeta había advertido solemnemente: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20), distorsionando la realidad de manera culpable y autodestructiva. Solo la luz del evangelio puede iluminar las tinieblas promovidas por la cultura secular neo-pagana que nublan nuestro juicio moral y producen tal confusión, de modo que: “No se nublarán los ojos de los que ven; prestarán atención los oídos de los que oyen. La mente impulsiva comprenderá y entenderá, la lengua tartamuda hablará con fluidez y claridad. Ya no se llamará noble al necio ni será respetado el canalla” (Isaías 32:3-5)
Prestarán atención los oídos
"La cultura secular alejada o indiferente a Dios cae en confusiones y ambigüedades tales que terminan llamando a lo bueno malo y a lo malo bueno”






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