Descontando la excepción de Moisés, con quien Dios: “… hablo cara a cara, claramente y sin enigmas. Él contempla la imagen del Señor” (Números 12:8), pero de una manera matizada y atenuada, como se indica de cualquier modo en el libro del Éxodo, y también la “visión” de Dios que los creyentes obtienen en Cristo en cuanto a llegar a conocerlo en el interior de nuestro ser, más que a verlo literalmente; la “visión beatífica” o visión de Dios que un día obtendremos en toda su perfección para nuestra dicha eterna está anunciada ya en estos términos por el profeta: “Tus ojos verán al rey en su esplendor y contemplarán una tierra que se extiende hasta muy lejos” (Isaías 33:17), que es lo mismo que el apóstol Pablo dio a entender cuando, comparando la visión interior actual que el creyente tiene de Dios en Cristo con la visión futura que tendremos de Él, dijo: “Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido” (1 Corintios 13:12). Esta promesa nos invita a imaginar un futuro en el que nuestra comprensión de Dios no solo será clara, sino también maravillosa. En el reino de Dios, el esplendor del Rey será tan evidente y tan cercano, que nuestras almas se llenarán de alegría, paz y asombro. La visión de Dios incluye la extensión infinita de su reino, un cosmos que “se extiende hasta muy lejos”, lleno de justicia, verdad y amor. Cada rincón del universo será una manifestación de su gloria, la perfecta revelación de Dios en un mundo restaurado
Tus ojos verán al Rey en Su esplendor
"Entre todas las bendiciones y excelencias que el reino de Dios nos traerá cuando se establezca en la tierra la visión de Dios será la más grande”






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