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De dinero no se sacia

"El dinero puede, ciertamente, cubrir necesidades y resolver problemas, pero también puede generar sus propias necesidades y problemas adicionales”

Continuando con lo que veníamos comentando, el dinero en sí mismo no es ni bueno ni malo, sino el uso que hacemos de él. Si bien nos sirve para cubrir necesidades básicas, resolver problemas y proporcionarnos confort, también puede abrir la puerta a preocupaciones adicionales. Un aumento de riqueza puede traer consigo una mayor ansiedad, mayor preocupación por su conservación, o el deseo de acumular aún más. La búsqueda constante de dinero genera una espiral de deseos insatisfechos, donde lo que antes parecía suficiente, deja de serlo con el tiempo. Es como una carrera sin meta, donde, cuanto más corremos, más nos alejamos de la verdadera satisfacción, como podemos leerlo: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia.  Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente.  ¡También esto es absurdo! Donde abundan los bienes, sobra quien se los gaste; ¿y qué saca de esto su dueño, aparte de contemplarlos? El trabajador duerme tranquilo, coma mucho o coma poco. Al rico sus muchas riquezas no lo dejan dormir. He visto un mal terrible bajo el sol: riquezas acumuladas que redundan en perjuicio de su dueño” (Eclesiastés 5:10-13). El deseo insaciable de riqueza nunca encuentra descanso ni genera paz ni alivio sostenido, sino que engendra más necesidades, preocupaciones, inquietudes y ansiedades. Por eso, mientras el rico se desvela por su abundancia, el trabajador, aunque tenga poco, duerme tranquilo. El dinero puede convertirse en una carga que nos quita el sueño y la paz y, aunque necesario, no debe ser el fin último de la vida

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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