Entre las armas blancas diseñadas para la guerra en la antigüedad se destaca la espada, que podía ser de un solo filo o de doble filo. Independiente de la conveniencia de cada una de ellas para diferentes contextos o estilos de combate, el doble filo en las espadas que lo poseen ha llegado a adquirir diversos significados figurados, utilizándose, por ejemplo, para indicar acciones que son susceptibles de tener simultáneamente consecuencias tanto positivas como negativas y que pueden ser, por lo mismo, ambivalentes y caer fácilmente en contradicción, volviéndose contra la persona que esgrime el arma en cuestión, que es el sentido que adquiere en Proverbios 5:4 cuando dice: “Pero al fin resulta más amarga que la hiel y más cortante que una espada de dos filos”. Sin embargo, utilizadas con maestría, las espadas de dos filos estaban diseñadas para brindar ventajas apreciables en el combate, por lo que el salmista se refiere a ellas como un arma deseable en las manos del creyente diciendo: “Que broten de su garganta alabanzas a Dios y haya en sus manos una espada de dos filos” (Salmo 149:6) y el Nuevo Testamento se refiere en estos términos a los efectos y bondades de la Palabra de Dios: “Sin duda, la palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12), ubicándola finalmente en las manos del Cristo glorioso y victorioso en el libro del Apocalipsis de Juan
Una espada de dos filos
"La espada de dos filos que Dios coloca en manos de Su pueblo no es una espada física propiamente, sino la espada de dos filos de la Palabra de Dios”






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