Decía Hans Küng algo que se cae de su peso: “El valor más urgente… prevalece sobre el valor superior… sobrevivir es más importante que vivir mejor”. Lo urgente y lo importante son conceptos que suelen confundirse, pues lo importante no siempre es lo urgente, ni lo urgente lo importante, pero bajo ciertas circunstancias lo importante se puede volver urgente y viceversa. El sistema de valores cristiano para evaluar lo urgente y lo importante ubica a Dios en la cúspide y, enseguida, subordinada a Él, la vida y la calidad de vida, en ese orden, pues Dios es el principal promotor de la vida y de la calidad de vida, sin que exista, por tanto, un necesario conflicto de intereses entre los tres. Sin embargo, lo más importante en este esquema es Dios y no la vida o la calidad de ella. Por eso, cuando exista un excepcional conflicto de intereses entre ellos, Dios tiene la prioridad y si para honrarlo como es debido ꟷcomo sucede con los mártires de la feꟷ, hay que sacrificar calidad de vida o la vida misma, pues debe hacerse. Pero cuando no está en juego el nombre de Dios y la honra a Él debida, garantizar la vida es lo urgente, pues sin vida no es posible calidad de vida, ni tampoco honrar a Dios como corresponde en el curso de ella. En estos casos, como sucedió con el profeta, nuestra vida puede ser nuestro botín: “Pero en ese mismo día yo te rescataré ꟷafirma el Señorꟷ, y no caerás en las manos de los hombres que temes. Porque yo te libraré ꟷafirma el Señorꟷ, y no caerás a filo de espada; antes bien, tu vida será tu botín, porque has confiado en mí’»” (Jeremías 39:17-18)
Tu vida será tu botín
"En tiempos de guerra adquirimos conciencia de que sobrevivir es más importante que vivir bien y que en ocasiones conservar la vida es nuestro botín”






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