A mayor conocimiento, mayor responsabilidad y a mayores privilegios, mayor la severidad con la que seremos juzgados, como lo afirma el Señor: “a todo aquel a quien se le haya dado mucho, mucho se le demandará” (Lucas 12:48), de modo que: “… al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” (Mateo 13:12). Así, la gravedad comparativa de nuestros pecados guarda relación con el conocimiento que poseemos y los privilegios que hemos recibido. Esto se ilustra en Ezequiel, cuando Dios amonesta a Aholibá (símbolo de Judá) por seguir los mismos caminos impíos que su “hermana” Aholá (Israel), a pesar, no solo de haber visto sus consecuencias: “»Aunque su hermana Aholibá vio esto, dio rienda suelta a sus pasiones y se prostituyó aún más que su hermana” (Ezequiel 23:11), sino de haber sido privilegiada con la presencia del templo autorizado por Dios en Jerusalén, con su culto correcto en cabeza de los sacerdotes legítimos y el sistema sacrificial establecido y aprobado por Dios. Con todo, Judá no solo repitió los pecados de Israel, sino que los intensificó, pecando con mayor conciencia y conocimiento de causa. Por eso, si Judá permaneció en pie y regresó del exilio, fue más por las promesas dadas por Dios a David y su descendencia que por su propia conducta. El conocimiento nos concede ventaja y privilegios que no dejan de ser deseables y disfrutables, pero también nos despoja de las excusas que podrían atenuar nuestras culpas, por lo que en el juicio de Dios no pesa solo lo que hacemos o dejamos de hacer, sino lo que sabemos y no tomamos en cuenta
Se prostituyó más que su hermana
"La gravedad comparativa de nuestras faltas y pecados guarda relación con el conocimiento que tenemos y con los privilegios que hemos disfrutado”






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