La revelación de Dios a los hombres es lo suficientemente clara en la naturaleza, en la Biblia y en Jesucristo como para justificar nuestra fe, confianza y obediencia a Él, o dejarnos sin excusa si decidimos rechazarlo; pero nunca es demasiada como para llegar a imponerse sobre nuestro albedrío o nuestra siempre voluntaria capacidad de decisión respecto de Él y sus requerimientos sobre nuestras vidas. Por eso, en respeto a nuestra libertad en relación con Él sucede tal y como el profeta Azarías se lo informó al rey Asá: “y este salió al encuentro de Asá y dijo: «Asá, y gente de Judá y de Benjamín, ¡escúchenme! El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan, él dejará que ustedes lo hallen; pero si lo abandonan, él los abandonará” (2 Crónicas 15:2). Así, pues, el Señor estará con nosotros si nosotros también queremos estar con Él con todo lo que esto implica, de modo que si lo buscamos de corazón tenemos de Él la garantía de que lo encontraremos. Pero al mismo tiempo Él nunca nos impondrá Su presencia si nosotros mismos no la deseamos y la invocamos con la seriedad y la actitud debida, pues si preferimos prescindir de ella sin valorarla como deberíamos, Él también tomará distancia de nosotros, se hará a un lado y nos dejará por nuestra cuenta, cosechando el fruto de nuestras decisiones sin contar con Él a nuestro lado, si finalmente ese es nuestro deseo. Pero incluso en este caso, si recapacitamos y reconocemos lo equivocado de esta actitud, Él está dispuesto a estar con nosotros nuevamente en la medida en que nosotros deseemos estar con Él
Revelación suficiente, pero no demasiada
“Dios se revela lo suficiente como para que no tengamos excusa si lo ignoramos, pero lo estrictamente necesario para no imponerse sobre nosotros”
Deja tu comentario