Un referente que no deja de ser paradójico en la historia de Israel como un momento memorable y de gran significación y estimulo en esta historia, es el penoso exilio a Babilonia, a pesar de la carga de dolor y humillación que conlleva, pues el pueblo judío no lo ha entendido como una acto de abandono, sino de disciplina correctiva de Dios sobre la nación y, además, es en el exilio en donde la figura del profeta cobra toda su relevancia, siendo los llamados “profetas mayores” junto con sus inspirados escritos, es decir Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel ꟷcon la excepción de Isaías, quien profetizó, sin embargo, el exilio antes de que ocurrieraꟷ; personajes que vivieron todos ellos en carne propia el exilio, así como sucedió también con los autores que dan nombre a los 12 libros de los llamados “profetas menores”. Así, pues, la mayor parte de los mensajes y profecías contenidas en estos libros surgieron en el contexto del exilio, como lo vemos claramente en el caso de Ezequiel: “En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios. Habían transcurrido cinco años y cinco meses desde que el rey Joaquín fue deportado. En este tiempo, mientras el sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, estaba a orillas del río Quebar, en la tierra de los babilonios, el Señor le dirigió la palabra y su mano estaba sobre él” (Ezequiel 1:1-3), pues los reyes y sacerdotes ya no ostentaban el poder para acallar la voz de los profetas a los que persiguieron, ni tampoco para hacerles sombra
Los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios
"El exilio en Babilonia fue, no obstante, un periodo muy fecundo en revelaciones divinas que muestran a las claras que Dios no abandonó a Su pueblo”






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