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Para que incline la cabeza como un junco

"El ayuno, si bien está recomendado en las Escrituras, no es necesariamente una práctica piadosa si no va acompañado de las actitudes correctas”

La legítima y recomendable práctica del ayuno, además de llegar a convertirse en una señal de hipócrita ostentación por la aparatosidad visual que la solía acompañar en el Antiguo Testamento por la cual el que ayunaba exhibía públicamente su ayuno vistiéndose con la inconfundible ropa burda de tela de cilicio, arrojándose ceniza encima y, en ocasiones de duelo, rasgándose las vestiduras y lamentándose de manera sonora; ponía en mayor evidencia esta hipocresía mediante la conducta contradictoria que rodeaba la práctica del ayuno en muchos casos entre los dirigentes del pueblo, que lo utilizaban como un recurso efectista y nada más y que se extendió y perduró en buena medida hasta el Nuevo Testamento en las prácticas legalistas de los fariseos. Por eso, ya en el Antiguo Testamento el profeta amonesta y advierte al pueblo en general con estas palabras de parte de Dios: “Ustedes solo ayunan para pelear, reñir, y darse puñetazos a mansalva. Si quieren que el cielo atienda sus ruegos, ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen! ¿Acaso el ayuno que he escogido es solo un día para que el hombre se mortifique? ¿Y solo para que incline la cabeza como un junco, se ponga ropa de luto y se cubra de ceniza? ¿A eso llaman ustedes día de ayuno y el día aceptable al Señor?” (Isaías 58:4-5). El ayuno, además de ir acompañado invariablemente por la humilde oración y apelación a Dios debe, pues, también propiciar y favorecer un mejoramiento de la conducta en todos los aspectos de nuestras relaciones y del desempeño de nuestras responsabilidades en esta vida

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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