La shoá, más conocida popularmente como el holocausto nazi que ejecutó sistemáticamente a seis millones de judíos en el curso de la Segunda Guerra Mundial es exhibida como la mayor muestra de antisemitismo u odio a los judíos que conoce la historia. Y si bien ésta es, ciertamente, la más grande expresión de antisemitismo que se haya concretado, está lejos de ser el intento más ambicioso de genocidio emprendido contra este pueblo en la historia, pues el intento de genocidio emprendido por Amán, alto funcionario de la corte persa del rey Asuero cuando el imperio persa estaba en su apogeo y era el mayor poder político conocido en el mundo de la época, sin rivales dignos de él en el plano militar que pudieran oponérsele; fue un intento de genocidio mucho más grande que el de Hitler y su origen es el siguiente: “Cuando Amán se dio cuenta de que Mardoqueo no se postraba ante él ni le rendía homenaje, se enfureció. Y, cuando le informaron a qué pueblo pertenecía Mardoqueo, desechó la idea de matarlo solo a él y buscó la manera de exterminar a todo el pueblo de Mardoqueo, es decir, a los judíos que vivían por todo el reino de Asuero” (Ester 3:5-6). El libro de Ester nos narra cómo libró Dios a su pueblo de manera providencial de esta conspiración en su contra, por uno de los hombres más poderosos del mundo en su momento, volviéndola contra él y poniéndola a favor de los judíos, sin recurrir a milagros manifiestos, sino en este caso: “… por medio de una política cercana a las intrigas de salón y a los favoritismos de alcoba…”, como lo señala Xabier Pikaza
No se postraba ante él
“La más grande expresión de antisemitismo que la historia conoce no es el holocausto nazi, sino la emprendida por Asuero bajo la instigación de Amán”






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