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No me des pobreza ni riquezas

"Dejados a nuestras inclinaciones e impulsos naturales, tanto la riqueza como la pobreza extrema tienen ambas el potencial de alejarnos de Dios”

La riqueza y la pobreza, cuando son experimentadas sin sabiduría ni moderación, pueden convertirse en trampas espirituales que nos alejan de Dios. Si bien ambas situaciones tienen aspectos que pueden ser peligrosos, lograr sortear sus peligros depende en gran medida de nuestro corazón y de nuestra dependencia de Dios. Proverbios 30:7-9 lo expresa así en oración: “»Solo dos cosas te pido, Dios; no me las niegues antes de que muera: Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas, sino solo el pan de cada día. Porque teniendo mucho, podría desconocerte y decir: ‘¿Y quién es el Señor?’. Y teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios”, identificando con claridad los peligros de ambas condiciones si no somos conscientes de su poder sobre nuestra voluntad. En efecto, cuando tenemos demasiado, la autosuficiencia puede llevarnos a decir, como un necio: “¿Quién es el Señor?”, olvidando que en último término todo lo que tenemos proviene de Él y que nuestras vidas y recursos están en Sus manos. Por otro lado, en la pobreza extrema, el desespero ante la necesidad puede llevarnos a caer en la tentación de robar, sacrificando nuestra integridad y blasfemando contra Dios. Por lo tanto, ambas situaciones tienen el potencial de corrompernos y apartarnos de la verdadera adoración y dependencia de Dios. Por eso debemos orar pidiéndole a Dios lo necesario, evitando los excesos en cualquier sentido y reconocer que, independientemente de nuestras circunstancias económicas, la verdadera riqueza es la comunión con Dios

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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