Pensadores de la modernidad como Hobbes, Locke y Rousseau formularon el llamado “contrato social”, la idea de que la sociedad y el gobierno surgen de un acuerdo tácito entre los individuos y los gobernantes para proteger su seguridad y bienestar. En este orden de ideas el gobernante tiene la responsabilidad de velar por el bienestar de su pueblo y administrar los recursos de manera sabia y justa. Pero cuando un gobernante carga al pueblo con impuestos excesivos y abrumadores, socava la estabilidad y la paz social que debe fomentar y en lugar de promover el bien común, lo que termina es alimentando la desigualdad, la pobreza y la tensión social. Por eso la Biblia advierte: “Con justicia el rey da estabilidad al país; cuando lo abruma con tributos, lo destruye” (Proverbios 29:4), perdiendo la base misma de su estabilidad y legitimidad. La justicia verdadera se manifiesta en la manera en que el gobernante trata a su pueblo, especialmente en aspectos tan sensibles como la economía. El abuso de los tributos genera desconfianza, descontento y división. El gobernante está llamado a actuar con prudencia y justicia. Ésta fue, de hecho, una de las razones detrás de la división del reino de Israel, pues Salomón, para sostener el esplendor de su corte y toda su burocracia abrumó al pueblo con impuestos y levas para reclutar trabajadores para sus grandes proyectos de construcción que generaron un descontento generalizado que Jeroboán supo aprovechar para llevar a la división del reino, conservando para sí a diez de las doce tribus descontentas
Con justicia da estabilidad al país
"El exceso de tributos e impuestos sobre el pueblo por parte del gobernante de turno obra en contra de la justicia con la que está llamado a gobernar”






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