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Segmentos

Me sedujiste, Señor

"El entrelazamiento en las dinámicas que se dan entre el albedrío humano y la soberanía divina se asemejan al cortejo romántico entre una pareja”

La noción de “elección” en general que se halla en la Biblia y en el Nuevo Testamento con especialidad, como una expresión lógica de la soberanía e iniciativa divinas y que adquiere una forma muy puntual en la idea de “predestinación” que se nos revela en el evangelio y de la que los creyentes somos beneficiarios, genera una fuerte tensión entre lo que atribuimos a la soberanía de Dios y lo que concierne al albedrío humano. Tensión que muchos tienden a resolver sacrificando el albedrío humano a favor de la soberanía de Dios, como si la elección que Dios hace de nosotros eliminará nuestra propia capacidad de decisión a favor de Él o hiciera de ella una engañosa farsa. Pero lo cierto es que la soberanía de Dios que actúa para producir en sus elegidos el resultado deseado, es decir su propia respuesta favorable para que ellos a su vez elijan a Dios en su momento, no tiene que darse como una fuerza coactiva o coercitiva que nos despoje de nuestro albedrío, sino que sus dinámicas obedecen más a un cortejo romántico como el que se da entre una pareja en la que el amante vence las resistencias de la amada sin imponerse sobre su voluntad, sino logrando que ella se rinda voluntariamente a él al apreciar sus cualidades y virtudes, que el amante le revela de formas tan arrobadoras e irresistibles que la amada se rinde a él voluntariamente y sin reservas, complacida y de buen grado, como lo ilustra el profeta al dirigirse a Dios de esta manera: “¡Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir! Fuiste más fuerte que yo y me venciste…” (Jeremías 20:7)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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