La Biblia nos revela que Dios es omnisciente, es decir que todo lo sabe. Como tal Él conoce los pensamientos y acciones de todos los hombres que han vivido a lo largo de la historia, tanto en el pasado y el presente, como los que tendrán y llevarán a cabo en el futuro. En este orden de ideas y dentro de esta infinita gama de posibilidades simultáneas, Dios conoce todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá de manera necesaria porque Él así ha determinado que suceda. También, dentro del rango de libertad que nos concede, conoce tanto lo que es probable que pensemos y hagamos dadas nuestras circunstancias, así como todas las posibilidades dentro las que esas probabilidades se enmarcan. Con todo y ello, hay pensamientos y acciones humanas tan desconcertantes, censurables y salidas de curso o tan improbables y contrarias a lo que sería de esperar de nosotros, dada la naturaleza y las potencialidades con las que fuimos creados por Él, a Su imagen y semejanza ꟷcomo por ejemplo la actitud desnaturalizada que ofrece en sacrificio a sus propios hijos incinerados en altares paganosꟷ, que para expresar la gran distancia que hay entre ellas y lo que Dios desea y esperaría de nosotros si hiciéramos buen uso de estas potencialidades, Dios se refiere a ellas de este modo, diciendo que estas cosas incluso a Él le son desconocidas pues ni siquiera han pasado por Su mente: “Han construido altares paganos en honor de Baal, para quemar a sus hijos en el fuego como holocaustos a Baal, cosa que yo jamás ordené ni mencioné ni jamás me pasó por la mente” (Jeremías 19:5)
Han construido altares en honor de Baal
"La perversidad humana y las acciones a las que da lugar son tan sórdidas y censurables en muchos casos que ni siquiera pasan por la mente de Dios”






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