La Biblia subraya una verdad que la mentalidad moderna tiende a olvidar en el campo laboral cuando da prioridad a los jóvenes profesionales y desecha sistemáticamente a los profesionales maduros en favor de los primeros. Esto es, el aprendizaje que solo el paso de los años puede otorgar. En efecto, la experiencia, forjada a través de desafíos, decisiones y reflexiones a lo largo de décadas, se convierte en un recurso invaluable que guía a las personas hacia la sabiduría. No en vano uno de los juicios de Dios en contra de su pueblo es el siguiente: “Les pondré como oficiales a muchachos y los gobernarán niños caprichosos…” con el lamentable resultado consecuente: “¡Pobre pueblo mío, oprimido por niños y gobernado por mujeres! ¡Pobre pueblo mío, extraviado por tus guías, que tuercen el curso de tu senda!” (Isaías 3:4, 12). Tener, pues, a “muchachos” como oficiales y a “niños caprichosos” como guías no se ve como algo ideal ni deseable, como lo ilustra una vez más la ya señalada y comentada decisión nefasta de Roboán de escuchar el consejo de los jóvenes como él y no el de los consejeros maduros de su padre Salomón. Todo pueblo que no valora la experiencia de aquellos que han vivido más y han llegado a una buena vejez, se verá más temprano que tarde sumido en el caos y la confusión. Es, entonces, peligroso y nada recomendable desoír la sabiduría que proviene de los años, de modo que el liderazgo debe basarse en una combinación de conocimiento con el discernimiento que solo el tiempo otorga, que hace que la experiencia no se deba subestimar
Los gobernarán niños caprichosos
"El valor de la experiencia que únicamente se adquiere con el tiempo y con la edad no puede desconocerse ni dejar de apreciarse en perjuicio propio”






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