El diccionario define el verbo “escarmentar” como “aprender de la experiencia propia o ajena para evitar caer en los mismos errores”.Ahora bien, aquí tenemos, pues, dos opciones para escarmentar: hacerlo por experiencia propia o por la ajena. Si somos sabios y puestos a escoger, siempre será preferible escarmentar por la experiencia ajena que podemos observar, que por la experiencia sufrida en carne propia, que puede ser, y por lo general es, mucho más penosa y dolorosa. Es necio, pues, quien teniendo la oportunidad de escarmentar por la experiencia ajena, prefiere no obstante esperar a tener que hacerlo por la propia. Esto fue lo que le sucedió al reino del Sur o Judá, que tuvo la oportunidad de ver lo que sucedía con el Reino del Norte o Israel por su reiterada y creciente idolatría y desobediencia a Dios al caer derrotados y ser arrasados por el imperio asirio en el 722 a. C., luego de lo cual encontramos al profeta Jeremías dirigiéndose a Judá con estas palabras sentenciosas para que, al observar lo sucedido al reino del Norte, evitara continuar en la misma dirección y corrigiera cuanto antes: “¡Escarmienta, Jerusalén, para que no me aparte de ti! De lo contrario, te dejaré devastada, en una tierra inhabitable»” (Jeremías 6:8). Sin embargo, la necia Judá no escarmentó por lo sucedido a Israel, sino que sólo lo hizo cuando ellos también cayeron bajo el juicio divino poco más de 100 años después, siendo a su vez derrotados y arrasados por el imperio babilónico en el año 586 a. C. para sólo así escarmentar finalmente al respecto
Escarmienta, Jerusalén
"Si vamos a escarmentar es siempre preferible hacerlo al observar y aprender de la experiencia de los demás que hacerlo por la experiencia propia”






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