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Segmentos

El Cordero de Dios

"La expiación es la finalidad última detrás de todo el ritual sacrificial del Antiguo Testamento que halla su cumplimiento pleno y final en Cristo”

La expiación es la acción y el efecto de borrar las culpas por medio de algún sacrificio o cumplir un condenado una pena impuesta por sentencia judicial. Ambos significados son ciertos en relación con lo hecho por Cristo. Él expió nuestro pecado al borrar nuestras culpas por medio de su sacrificio y cumplió así la pena capital que la justicia de Dios establece en inobjetable sentencia judicial sobre todos y cada uno de los seres humanos. La expiación de los pecados era, de hecho, una de las principales responsabilidades de los sacerdotes: “Se hará con este novillo lo mismo que se hace con el de la ofrenda expiatoria. Así el sacerdote hará expiación por ellos, y serán perdonados” (Levítico 4:20). En consecuencia, en la Ley ocupaba un lugar prominente el ritual correspondiente al día de la expiación, señalado como el décimo día del mes séptimo de cada año, del que surge la expresión “chivo expiatorio”. Sin embargo, la expiación en el Antiguo Testamento era provisional y tenía el propósito de anticipar lo hecho por Cristo de manera definitiva e irrepetible. La sangre de las víctimas en el Antiguo Testamento expiaba el pecado en el sentido de cubrirlo hasta que la sangre de Cristo lo quitara definitivamente. Porque en el cristianismo, más que “chivos expiatorios” que nos eviten tener que arrepentirnos asumiendo nuestra responsabilidad en el asunto, debemos hablar más bien del “… Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29), el Señor Jesucristo, ante cuyo perdón sólo cabe el abandono del pecado, la fe y la confianza, la gratitud inextinguible y el servicio incondicional a Su causa

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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