El cedro del Líbano, procedente de la región del mismo nombre en el Oriente Medio y que puede llegar a medir 40 metros de altura y a vivir mil años, es uno de los símbolos naturales más majestuosos que utiliza la Biblia para representar de manera gráfica la grandeza, la estabilidad y la elevación. Árbol de madera resistente, aromática y duradera, era muy codiciado en el mundo antiguo, tanto para la construcción de palacios y templos como para representar la magnificencia de los reinos. No es casual, entonces, que Dios lo use como figura para hablar de imperios poderosos. El profeta Ezequiel compara a Asiria con un cedro del Líbano: “Fíjate en Asiria, que alguna vez fue cedro del Líbano, con bello y frondoso ramaje; su copa sobresalía del espeso follaje” (Ezequiel 31:3). Esta imagen transmite altivez, esplendor y aparente invulnerabilidad y permanencia. Pero el pasaje que sigue muestra cómo Dios derriba lo que el hombre eleva con orgullo desmedido. El cedro, símbolo de poder humano sin ninguna traza de humildad, se convierte en este caso en una advertencia. Porque lo que antes fue admirado por su grandeza, termina abatido por el juicio divino. La lección es clara: todo lo que se eleva de forma altiva y no se rinde y somete a Dios será derribado y humillado. Solo quien se planta como árbol junto a corrientes de aguas vivas, con raíces en la Palabra de Dios, como se describe en el bien conocido salmo 1, permanecerá firme. La grandeza verdadera no está, pues, en elevarse sobre todo como un cedro altivo, sino en enraizarse en la voluntad de Dios
El cedro del Líbano
"El cedro del Líbano era un árbol imponente de madera muy apreciada que prestó como tal oportunidad a diversos simbolismos bíblicos muy concretos”






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