La Biblia nos invita reiteradamente a reflexionar sobre la vacuidad de depositar nuestra esperanza en objetos o creencias que carecen de poder verdadero. En este orden de ideas, los altares de los ídolos o dioses paganos son engañosos espejismos que, en última instancia, no ofrecen ninguna respuesta ni alivio auténtico ante el sufrimiento. El extravío de quienes acuden a estos altares refleja una búsqueda infructuosa de soluciones que termina por dejarlos frustrados, vacíos, sin paz, sin alivio y sin consuelos. A esto hacía referencia el profeta al afirmar la esterilidad de estas prácticas por parte de los pueblos paganos vecinos: “Acuden los de Dibón al templo, a sus altares paganos para llorar. Moab está gimiendo por Nebo y por Medeba. Rapadas están todas las cabezas y afeitadas todas las barbas” (Isaías 15:2), llorando en vano y humillándose ante deidades insensibles e indiferentes que no tienen poder para salvar y que, por el contrario, suelen tener parapetados detrás de ellas a demonios engañadores que se deleitan en el dolor humano y a la postre lo promueven. En un mundo en que las aflicciones nos golpean, podemos sentirnos tentados a buscar alivio fácil e inmediato, de manera escapista, en sistemas de pensamiento o realidades que prometen consuelo, pero que no están en condiciones de cumplir sus vanas promesas. Solo el Dios vivo y verdadero tiene el poder de consolar, restaurar y sanar las heridas más profundas del corazón, por lo que debemos revisar nuestras fuentes de consuelo y buscar alivio en Dios, no en lo falso y engañosamente ilusorio
Con las cabezas rapadas y las barbas afeitadas
"De nada sirve acudir a buscar consuelo en los altares de los dioses paganos, pues todos ellos son dioses falsos que no pueden consolar ni ayudar”






Deja tu comentario