Las redes de pescar, tan comunes en la vida cotidiana de los pueblos antiguos, no son simples instrumentos de pesca: son imágenes vivas que revelan aspectos esenciales del obrar de Dios y del destino de su pueblo. A veces representan la misión evangelizadora de la iglesia, como cuando Jesús llama a sus discípulos a ser “pescadores de hombres”. En otras ocasiones, como en Ezequiel, la red es un símbolo de juicio, una trampa divina tendida con precisión para atrapar al orgulloso y al rebelde: “»”Así dice el Señor y Dios: »”Aunque estés entre numerosos pueblos, tenderé sobre ti mi red y te atraparé con ella” (Ezequiel 32:3). Esta palabra dirigida a Egipto en su arrogancia, refleja el hecho de que nadie puede escapar del alcance soberano de Dios y que la red divina no es ciega ni aleatoria; es dirigida por la mano de Dios, de manera sabia, justa y selectiva. Aun entre las multitudes, Dios distingue a quienes han elevado su orgullo como Faraón. Para la iglesia, esta imagen es aleccionadora. Nos recuerda que, en Su gracia soberana, Dios nos alcanzó también con una red: no para destruirnos, sino para salvarnos. Pero la misma red que salva, puede atrapar en juicio a quien persiste en su rebelión. La red de Dios, entonces, no es ciega: es una extensión tanto de su justicia para quienes se resisten y oponen a Él, como de su amor con sus elegidos. En ella caben tanto la pesca de la misericordia como la captura del juicio. La iglesia es llamada a vivir, pues, equilibrando y teniendo en cuenta ambos aspectos
Tenderé sobre ti mi red
"Las redes de pescar adquieren en las Sagradas Escrituras significados figurados diversos pero siempre muy gráficos e ilustrativos para la iglesia”






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