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Hay que matar a este hombre

"Matar al mensajero es tan solo uno de los inútiles escapismos infantiles e infructuosos que utilizamos para eludir nuestra responsabilidad ante Dios”

Ya hemos señalado la necedad de atacar al portador de malas noticias o de verdades incómodas, como ocurrió con el profeta Jeremías, de quien se dijo: “Los oficiales dijeron al rey: ꟷHay que matar a este hombre. Con semejantes discursos está desmoralizando a los soldados y a todo el pueblo que aún queda en esta ciudad. Este hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia” (Jeremías 38:4). El impulso de “matar al mensajero” refleja la misma actitud infantil de quienes, como niños, se tapan los oídos para no oír lo que no quieren aceptar, o como popularmente se dice del avestruz, que esconde la cabeza en la tierra ante el peligro. Pero éste no es el único mecanismo de defensa al que apelamos para eludir nuestros problemas y diferirlos por un tiempo antes de que nos golpeen de nuevo de manera agravada. La psicología identifica y desenmascara también a la negación consciente o inconsciente de nuestra situación real; a las fantasías evasivas que construimos para huir de la realidad; al aislamiento que nos lleva a retraernos y encerrarnos en nuestro caparazón emocional, cual tortugas; a la regresión nostálgica que idealiza el pasado y pretende volver a tiempos menos amenazantes; al desplazamiento y la proyección de culpas sobre otros y, por último, las racionalizaciones autojustificantes que buscan excusar lo que no tiene justificación. Todo esto no hace más que retrasar lo inevitable: el ineludible momento en que tendremos que mirar de frente la verdad

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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