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Segmentos

Como trapos de inmundicia

"El arrepentimiento debe incluir no solo los pecados en sí mismos, sino nuestros vanos intentos por justificarnos mediante todo tipo de buenas obras”

La doctrina de la justificación por la fe revelada en el evangelio requiere, además de la fe en Cristo, el arrepentimiento y la confesión sinceros para poder ser debidamente perdonados, justificados, absueltos e indultados por Dios en el tribunal divino. Ahora bien, el arrepentimiento concierne en primera instancia a los actos de desobediencia cometidos contra Dios y su ley revelada en las Escrituras con precisión, pero también en nuestras conciencias con suficiencia, siempre y cuando las mantengamos funcionales. Sin embargo, en el contexto de la justificación por la fe, el arrepentimiento involucra e incluye también nuestros actos de justicia en la medida en que pongamos en ellos nuestra confianza para ser absueltos y justificados por Dios y no en lo hecho por Cristo a nuestro favor, caso en el cual deben ser censurados. Es por eso que el profeta se refiere así a nuestros actos de justicia, comparándolos con los trozos de tela utilizados por las mujeres para contener la sangre durante su periodo menstrual, considerados inmundos y fuente de impureza ritual para acercarse al templo durante todo el tiempo del periodo: “Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas; nuestras iniquidades nos arrastran como el viento” (Isaías 64:6). Esta es la misma idea que se transmite en el Nuevo Testamento cuando se habla del “arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte” (Hebreos 6:1; 9:14) y no de los pecados meramente y a secas

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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