El profeta hizo el siguiente anuncio en el contexto de las profecías mesiánicas, hablando en primera persona como si el mesías hablara a través de él de manera anticipada: “El Espíritu del Señor y Dios está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar libertad a los cautivos y la liberación de los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo” (Isaías 61:1-2). De hecho, cuando el Señor Jesucristo comenzó su ministerio público en la sinagoga de Nazaret leyó este mismo pasaje, indicando enseguida a su asombrado auditorio que esa profecía estaba teniendo cumplimiento ese mismo día en Su propia persona, escandalizando a muchos de los que se habían criado con Él y que estaban tan familiarizados con Él, que no podían dar crédito a que Él fuera el mesías que daría cumplimiento a este anuncio. Sin embargo, el Señor detuvo su lectura en “el año del favor del Señor” y no avanzó hasta “el día de la venganza de nuestro Dios”, pues estos dos no son eventos simultáneos, sino separados en el tiempo. El primero tiene lugar con su primera venida, mientras que el segundo está asociado a su regreso en su segunda venida. Entre el primero y el último de ellos la humanidad se halla en medio de un periodo indefinido de tiempo designado como la “era de la gracia” en el que nuestra fe y rendición confiada a Cristo nos permite acogernos al año del favor del Señor y librarnos del día de Su venganza
A proclamar libertad a los cautivos
"El año del favor del Señor viene antes que el día de la venganza y comprende un lapso suficiente como para que no tengamos que temer la venganza”






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