Ya hemos señalado que las buenas relaciones, las influencias y el poder asociado a ellas no son por sí mismos malos, sino la confianza absoluta en ellos con independencia y al margen de Dios, como la que se inclinaba a depositar en su momento el pueblo de Israel en relación con Egipto, buscando alianzas con ellos en contra de los asirios, a lo que una vez más la Biblia se refirió con estas gráficas e ilustrativas palabras, en este caso recogiendo las amenazas que los asirios le dirigieron al reino de Judá bajo el mando del rey Ezequías por medio de su comandante en jefe: “Mira, tú confías en Egipto, ¡ese bastón de caña astillada, que traspasa la mano y hiere al que se apoya en él! Porque eso es el faraón, el rey de Egipto, para todos los que en él confían” (Isaías 36:6). La figura del “bastón de caña astillada” es elocuente y señalaba la frustración y la decepción que los egipcios podían generar en todos quienes confiaran y se apoyaran en ellos y la mala condición en que los podía dejar este tipo de asociación en esta coyuntura particular al buscar que el poder militar de los egipcios pudiera librarlos del dominio de los asirios y la inminente derrota delante de ellos. Como tales, los egipcios tipifican y simbolizan todas las instancias de poder humano a las que podamos acudir con independencia de Dios, colocando nuestra confianza absoluta en ellos cuando tenemos acceso a ellos, pues a la postre todos ellos nos defraudaran tarde o temprano si nuestra relativa confianza en ellos no es el producto y la manifestación de nuestra confianza absoluta en Dios y nuestro obediente sometimiento a Él
Ese bastón de caña astillada
"Las influencias, las buenas relaciones sociales y las conexiones con el poder mundano no son al margen de Dios más que bastones de cañas astilladas”






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