Los profetas fueron personajes en gran medida excéntricos, pero no por su propia voluntad o iniciativa, sino en virtud de su obediencia a Dios en muchos casos. Es así como vemos que los patriarcas y profetas llevaron a cabo ciertos actos que tenían el propósito de ilustrar y transmitir de manera gráfica, vívida, dramática e indeleble lo que sobrevendría en el futuro inmediato al pueblo de Israel o en el futuro escatológico a la iglesia. Este es el caso, a manera de ejemplo, de lo hecho por Isaías cuando Dios le ordenó: “En aquel tiempo el Señor habló por medio de Isaías, hijo de Amoz. Le dijo: «Anda, quítate la ropa de luto y las sandalias». Así lo hizo Isaías; anduvo desnudo y descalzo…”, utilizando así esta imagen efectista para transmitir con claridad un mensaje puntual: “Entonces el Señor dijo: «Así como durante tres años mi siervo Isaías ha andado desnudo y descalzo, como señal y presagio contra Egipto y Cus…” (Isaías 20:2-3). Ahora bien, debido a su particular contexto histórico y contenido simbólico, estas acciones impactantes, dramáticas y extravagantes están restringidas únicamente a estos personajes, razón por la cual su ejecución no concierne al creyente del Nuevo Testamento, por lo que está fuera de lugar discutir o cuestionar hoy su conveniencia ética, es decir si fueron correctas o no desde nuestra perspectiva actual, algo que es por completo improcedente y no nos toca a nosotros determinar. Lo único que cabe considerar aquí es lo dicho por Agustín: “Lo que hacen tus siervos, lo hacen, o para atender a la necesidad presente, o para prefigurar lo venidero”
Desnudo y descalzo
"La excentricidad de los profetas no se debe a su personalidad sino a su oficio y las medidas efectistas usadas por Dios para impactar a Sus oyentes”






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